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Vizcaya

04.09.08 -

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Antonio paseaba tranquilamente por Abandoibarra un día festivo de hace varios meses, alrededor de las tres de la tarde, cuando de repente se le acercó gritando una mujer que hablaba alemán. «Entendí por sus gestos que quería que le acompañara, parecía que le había pasado algo», cuenta. Le llevó hasta su caravana, aparcada a unos 30 metros, junto a la futura biblioteca de la Universidad de Deusto. Al acercarse vio que en la puerta del vehículo se encontraba su marido, «un tiarrón de dos metros» que tenía encerrado en el interior al ladrón: «un chaval de 17 ó 18 años».
La pareja seguía reclamando su ayuda: «Entendí que querían que llamara a la Policía», continúa Antonio. En ese momento, el delincuente, un joven de origen magrebí, «hizo un amago de escaparse y el alemán empezó a forcejear con él, el chico tenía mucha fuerza». El hombre consiguió reducir al joven y ponerle en el suelo. «Él se sentó sobre su espalda y me indicó que por favor yo me pusiera sobre sus piernas; así conseguimos que no se escapara».
La Ertzaintza llegó enseguida y detuvo al sospechoso. Al parecer, había entrado en el vehículo a través de una ventana, pero no había llegado a robar nada. «Me levanté y me dieron las gracias». Antonio pensó después en lo arriesgado de su actuación, el ladrón podía haber ido armado y se sintió como un auténtico «hombre de Harrelson».
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