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Sociedad

miedo en un avión de spanair

Pasajeros de un vuelo de Spanair a Budapest se negaron a subir a un avión que había abortado su despegue en Loiu y obligaron a la compañía a cambiar de aparato

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Pasajeros de un vuelo de Spanair que ayer iba a salir de Bilbao con destino a Budapest a las 14.55 horas se negaron a subir de nuevo al avión del que habían sido evacuados por un problema técnico y obligaron a la compañía a cambiar el aparato. Las «escasas» explicaciones que recibieron los 92 viajeros del vuelo JK2395 fueron el principal motivo por el que rechazaron volar en la misma nave. «No nos hemos amotinado, como nos han recriminado los trabajadores de la compañía. Simplemente, hemos pedido que nos cambien el avión porque nos han hecho sentir inseguros», explicaba ayer un grupo de afectados que esperaban un avión que tenía que venir de Barcelona para llevarles hasta la capital húngara y que no salió de 'La Paloma' hasta las nueve de la noche.
Según los viajeros, «todo se torció desde el principio»: embarcaron con más de media hora de retraso sobre la hora prevista y cuando estaban ya en la pista para iniciar el despegue, la tripulación les hizo saber que la salida se iba a demorar «diez o quince minutos más», porque tenían que hacer «una revisión». «Nos dijeron que los test previos al vuelo habían encontrado algo que no estaba bien, que se había encendido un piloto rojo», detallaba Koldo, un viajero de Getxo. Lo del «piloto rojo» fue demasiado para los pasajeros, que ya estaban algo inquietos con los sonidos que realizaban los operarios al examinar la nave. «Una señora empezó a decir que estaba pasando lo mismo que con el avión que se estrelló en Barajas...», comentaban cuatro jóvenes -Marta, Itziar, Begoña y Ana-, que lamentaban haber empezado con tan mal pie sus vacaciones «sin maridos».
Aunque no cundió el pánico, la inquietud planeó sobre el pasaje. «Está muy reciente lo del último accidente y las explicaciones no nos tranquilizaron precisamente, porque tampoco nos contaron qué ocurría, sólo lo del piloto encendido y lo de los test. Todo el mundo mantenía el tipo, pero el nerviosismo estaba ahí», justificaba una de las viajeras. La perspectiva de volar a miles de pies en una nave que acababan de revisar «en pocos minutos» no era muy atrayente. Y en un espacio cerrado como un avión, la preocupación y el temor, por muy contenidos que sean, saltan de un asiento a otro en un tiempo récord.
El miedo ya estaba a bordo. Por eso, cuando la tripulación anunció que se iba a evacuar el avión para hacer un revisión «exhaustiva» al aparato, muchos se sintieron casi aliviados. «Salimos, nos montamos en autobuses y vuelta al aeropuerto», señalaron las chicas.
Aunque casi todos los viajeros se habían mostrado serenos durante el incidente, al llegar de nuevo a la terminal «la mayoría» de los 92 pasajeros empezaron a pensárselo mejor y a recelar del avión. Así que una comitiva de ellos -este tipo de contratiempos forja relaciones entre personas que no se conocen- se acercó al personal de la compañía para manifestar que no iban a acceder a montarse en la misma nave que acababan de abandonar. Querían otra. «Nos dijeron un no rotundo. Pero luego, quizá al ver que éramos bastantes los que lo pedíamos y que amenazábamos con llamar a la prensa, accedieron y nos informaron de que nos pondrían otro avión», señalaba Koldo.
«Y cuando hemos ido a poner las quejas al 'stand' de Spanair nos han tratado de forma pésima... ¡Hemos tenido que aguantar que una señorita nos dijese que 'lo importante es llegar'! ¡Pues precisamente por eso nos hemos negado a subir a un avión que nos ofrecía dudas!», clamaba el joven de Getxo, quien recalcaba que en todo momento los viajeros habían mantenido un comportamiento «correcto». A su lado, Miriam, una joven de Vitoria que esperaba junto a su madre la nueva hora de embarque, justificaba la actitud que había adoptado el pasaje: «El miedo es libre y más si no te informan como es debido».
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