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13.09.08 -

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H ace un par de años, el relator de la ONU para la vivienda echó cuentas y anunció que España era el país de la Unión Europea con mayor número de casas vacías. De tres a cuatro millones, puntualizó un poco a ojo. Entre otras cosas, eso venía a significar que, por cada vivienda que se demandaba en nuestro país, había diez desocupadas. Lo extraño es que seguían construyéndose casas, chalets, urbanizaciones, y que cada vez eran más y más caras, aunque no necesariamente más sólidas, más bonitas o más luminosas.
La burbuja inmobiliaria -esa que nunca existió en opinión del gremio de los constructores marbellíes y los empresarios coleccionistas de equipos de fútbol- estalló, saltó por los aires, y nosotros nos quedamos fascinados por el espectáculo pirotécnico. Hay que reconocer que tardamos un poco en darnos cuenta de lo que implicaba la explosión. Que la crisis iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde.
Y en esas estábamos, familiarizándonos con la crisis, cuando ya está aquí la recesión. Al mismo tiempo, salta la noticia de que, en dos años, más de 3.100 pisos vacíos de Bilbao han dejado de estarlo. Es un dato importante que, curiosamente, nadie termina de explicarse. Sabemos que una cuarta parte han sido captados por el programa Bizigune, que ofrece a los inquilinos una vivienda a precio sensato y garantiza a los propietarios algo fundamental: el cobro de la renta.
El resto de las viviendas han debido de salir al mercado. Sin embargo, no hay dinero para comprar y la oferta de alquiler en la ciudad no parece haber sufrido grandes cambios. Lo único que está claro es que tener un piso desocupado ha dejado de ser rentable. En teoría, eso debería suponer una reactivación del mercado del alquiler, esa opción razonable e higiénica que nuestros hermanos occidentales llevan años practicando con alegría y provecho. ¿Tomaremos ejemplo de ellos? Ojalá. Aunque no descarten que se termine el mundo y, en la cabeza del último íbero, retumbe todavía la voz amenazante de Tubal: «Cómprate un piso, alquilar es tirar el dinero, etc.»
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