-¿Aitor, cómo se encuentra?
-Te puedes imaginar. A verlas venir... Yo estaba libre de servicio y mi padre me avisó del atentado. Sentí caerse el mundo.
-¿Qué dice su familia?
-Que tenga cuidado. Se preocupa mucho por mí. Aunque creo que la mayoría de familias de ertzainas tampoco dicen lo que piensan realmente. No quieren agravar nuestro estado de ánimo.
-¿Se siente querido?
-Para nada. Pero lo peor es lo de dentro, porque de la calle ya sabes lo que te puede venir.
Las palabras anteriores pertenecen a uno de los tres policías vascos que han participado en este reportaje y resumen las críticas que los sindicatos -Erne, SVPE y Esan- han dirigido estos días contra el Departamento vasco de Interior reclamando mayores medidas de seguridad para los agentes. Consideran «inaudito» que se hayan dado las condiciones «para un atentado contra una comisaría» que anteriormente ya había sido atacada con 'cócteles molotov' y se encuentra ubicada en un lugar «conflictivo como Ondarroa».
«Hablamos de un entorno muy hostil, aunque, en cualquier caso, ETA, que ya ha asesinado a policías, ha dado una vuelta de tuerca: no sólo por ir contra una comisaría, sino por su desprecio a la población, pues pudo causar muchas muertes», subraya un portavoz de Erne.
Entre los reproches más afilados, la central mayoritaria, que agrupa a unos 3.500 agentes, acusa a la consejería de una «burocratización de las actividades policiales», donde «lo importante es que se cumplan las estadísticas y pueda llevarse al Parlamento un informe donde se señale que en un año ha habido 3.600 controles de alcoholemia. Sin embargo, lo que nosotros pedimos es que haya formación continua, protocolos de seguridad y medios para que las patrullas puedan asegurar una zona y acudir a un servicio bien protegidas».
En la misma línea, el SVPE considera que «los protocolos de seguridad se cumplen de manera arbitraria» y se pregunta: «Hay 8.000 ertzainas en plantilla, pero ¿cuántos están en la calle?»
Ninguno de los policías del turno de noche que se vio afectado por la explosión del coche bomba ha querido ofrecer su testimonio en este reportaje. «La sensación de desazón tras un atentado es enorme y eso que los agentes se comportaron con gran profesionalidad, aguantando el tipo hasta el final de su turno y más allá. Esta semana y la que viene son muy duras para ellos. Han comenzado a reflexionar, a preguntarse qué hubiera pasado si hubieran salido por la puerta de delante de la base o se hubieran encontrado en el pasillo que recibió el impacto de la onda. Lo empiezan a revivir. No puede ser que sientan también el abandono de Interior», reprocha el portavoz de Erne.