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José Miguel Muñoz y Ziortza Elgue van «muy motivados» al euskaltegi y sólo se quejan del precio «porque a nosotros, que no somos funcionarios, nadie nos da una beca»
12.10.08 -

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«Estudio euskera por mi nieto Peio»
José Miguel y Ziortza, después de dos horas de clase. / F. GÓMEZ
Llevan apenas una semana en el euskaltegi que AEK tiene en el Casco Viejo de Bilbao. Nunca habían estado en ninguno y se les ve, de momento, más felices que unas pascuas. «No se hace nada largo, y eso que son dos horas sin interrupción», dice José Miguel Muñoz, más fresco que una lechuga aunque sienta «la cabeza hecha un lío». Ha cumplido 60 años, está prejubilado y no sabe «nada» o mejor dicho, casi nada, de euskera. «Algo se me va quedando ya. Pero a medida que pasen las semanas, me va a costar mucho más. ¡Los jóvenes de clase me van a superar enseguida!».
Ziortza Elgue escucha muy callada y sonríe. Tiene 34 años, un nivel similar al EGA y se ha apuntado en el euskaltegi «para recuperar la lengua». Estudió en una ikastola y, desde entonces, ha ido perdiendo fluidez. Lentamente pero sin pausa. «Ahora trabajo como teleoperadora y sólo hablo en castellano», explica antes caer de nuevo en el mutismo. Ziortza y José Miguel se acaban de conocer ahora; y como siempre, cuesta romper el hielo, ya sea en un idioma u otro lo importante es encontrar puntos en común.
Poco a poco se va distendiendo el ambiente, sobre todo cuando José Miguel habla de Peio. ¿Quién es Peio? Pues Peio Jauregibeitia, un pequeño de ocho meses al que se le ve con los ojos muy abiertos y cara de no perder ripio en el móvil que su abuelo lleva en el bolsillo. «Estoy aquí por él. Para poder hablarle en euskera, igual que sus padres. Cuando empiece a decir sus primeras palabras, quiero entenderle. ¡Mayor motivación que ésa no puede haber! Es una de las personas más importantes de mi vida». Está claro que le irá mejor que con el inglés... «Nos lo imponían en la multinacional donde trabajaba como comercial, y aprendí muy poco. Cuando te obligan, vas desganado. Tienes la cabeza en otra cosa». Ahora, en cambio, ha cogido el toro por los cuernos y no piensa soltarlo hasta junio. «Los 617 euros que me cuesta el curso no caerán en saco roto».
Ejemplo de Durango
Una vez que se anima la conversación, no hay quien la pare, sobre todo cuando José Miguel lleva la voz cantante: «Por cierto, aprovecho para quejarme por la discriminación en las ayudas. No veo lógico que el Gobierno vasco sólo apoye económicamente a los funcionarios. Cuando ellos aprueban sus exámenes, se les devuelve el importe del curso. ¿Y la juventud? ¿Y los que sólo quieren aprender? Mucho defender el euskera pero luego que cada uno pague de su bolsillo...». Ziortza asiente y añade con ironía: «La única ayuda la da el banco si te financia el curso». En su caso, la prioridad no es obtener una acreditación. Ella se matriculó porque «varios amigos ya lo habían hecho antes y les fue muy bien, sin más».
La coordinadora general de AEK, Mertxe Mugika, reconoce que «no vendría mal que todos los Ayuntamientos actuaran como el de Durango, que ofrece becas a todo el mundo». Mientras tanto, en los municipios como Bilbao, los alumnos con el perfil de José Miguel y Ziortza seguirán pagando de su bolsillo para estudiar «la lengua de nuestro país», en palabras de Mugika.
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