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E l PNV ha reiterado su posición favorable a coadyuvar a la aprobación de los Presupuestos generales siempre y cuando exista un acuerdo relativo a las transferencias sobre el ejercicio de las competencias sobre investigación y las políticas de empleo. El presidente parece abierto, obligado por las circunstancias, a trabajar ese posible entendimiento con los jeltzales. Por su parte, el PSE ha mostrado también su disposición a pactar las cuentas públicas vascas, «aunque el PNV rechace las de Zapatero». Es obvio que la situación de necesidad es distinta en cada formación, como diferentes son los objetivos políticos que persigue cada uno con el debate de aprobación de las cuentas.
Zapatero necesita consolidar el debilitado inicio de legislatura con la aprobación de los presupuestos. La devolución del proyecto al Gobierno significaría un golpe de calado para la estrategia de 'autosuficiencia' diseñada por los socialistas desde la investidura del presidente. Los socialistas vascos añaden a las necesidades del presidente del Gobierno, sus intereses propios determinados por sus aspiraciones en la próxima contienda electoral. En contra de lo que han predicado hasta ahora, no les viene bien para esos comicios que los elementos centrales de la campaña sean las cuestiones económicas y sociales. Les vendría electoralmente mejor si la misma girara machaconamente en torno a la consulta u otros temas conexos. Para no echar leña a ese fuego, no necesitan erigirse en los responsables de la no aprobación de las cuentas vascas. Le interesa lo contrario, aunque su participación no tenga el carácter de exclusiva ni principal. En ese empeño corren el peligro de desplazarse hasta el otro extremo guiados por un exceso de vocación de servicio al país, que podría ser interpretado como acto de mera escenificación, máxime cuando hasta no hace mucho tiempo se justificaban las enmiendas a la totalidad en virtud de criterios tan poco presupuestarios como el de ser «cuentas soberanistas».
El PNV, en cambio, aborda la cuestión de los presupuestos, en Madrid y en Vitoria, bajo parámetros distintos a los definidos en los últimos años. En ese tiempo se había interiorizado la necesidad de vincular los acuerdos en Madrid con el compromiso de los socialistas en Euskadi. Algo que recientemente ha aprendido UPN a su manera. Pero llegados al final de la legislatura y ser el próximo ejercicio un año eminentemente electoral, aquella necesidad no se vive como tal por los responsables jeltzales, ni en Ajuria Enea
Lo decía ayer mismo la vicelehendakari al resaltar la diferencia política entre las cuentas de inicio legislatura y las de final, máxime cuando se cuenta con inversiones y gastos comprometidos con carácter plurianual. Los jeltzales han definido su papel esta vez en un terreno mucho más político, vinculando su compromiso con los Presupuestos del Estado al logro de un acuerdo con Zapatero en materia de desarrollo estatutario.
No sólo se trata de ganar una centralidad a través de la interlocución efectiva con las autoridades del Estado, sino también de recuperar en un momento de fuerte crisis económica el discurso de la bondad de los instrumentos de autogobierno para promover un desarrollo más cualificado de nuestra economía y proteger mejor a los ciudadanos, especialmente a los directamente afectados. Es otra manera de dibujar el nuevo terreno de la confrontación política y electoral. Desde luego más inteligente que la ensayada hasta hace poco.
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