Un reciente documento de los presos de ETA apuesta por intensificar la campaña de atentados en Navarra hasta convertir la comunidad foral en «el territorio de confrontación por excelencia». En la madrugada del martes se detuvo al comando 'legal' -no fichado- que ya estaba dispuesto a intentar poner en marcha esa consigna y transformar la región en una nueva trinchera de la banda.
La declaración de los reclusos etarras es una muestra de la obsesión de la banda por Navarra, el territorio que se ha convertido en uno de los ejes de las reclamaciones políticas de los terroristas, por encima de una sociología electoral que cada vez es más adversa a la izquierda abertzale. La descripción más contundente del vinculo entre la organización armada y el suelo navarro corresponde al ex presidente del PNV Josu Jon Imaz. Así lo explicó cuando dio a conocer su versión de por qué se había roto el último alto el fuego permanente: «ETA puso una pistola en la cabeza del PSOE y le exigió Navarra», resumió.
La banda no hacía sino colocar sobre la mesa su concepto de territorialidad en el que la comunidad foral -junto con Iparralde- es «innegociable», según ha repetido una y otra vez en sus comunicados y entrevistas.
La elección de esta región como eje de la acción de ETA es paradójica, ya que es allí donde más ha decaído en los últimos años la capacidad de influencia de los terroristas. La ruptura de la tregua de Lizarra supuso a Batasuna la escisión de Aralar, liderada por el navarro Patxi Zabaleta, y el alejamiento de grupos como Batzarre, vinculados a EH. El nacionalismo, en el que hasta ese momento había sido hegemónica la izquierda abertzale, tomó un sesgo totalmente distinto, con un rechazo explícito a la violencia. Supuso, además, el nacimiento de Nafarroa Bai, coalición con representación en el Congreso de los Diputados en las dos últimas legislaturas.
Es en ese escenario en el que, por ejemplo, ETA llega a amenazar al propio Patxi Zabaleta hasta el punto de asegurar que el dirigente de Aralar «ha pasado a formar parte de una lista negra de actores principales» en la que incluye al propio Josu Jon Imaz y al actual presidente del PNV Iñigo Urkullu.
Ilegalización
El colectivo de presos que apuesta por intensificar los atentados en la comunidad foral considera que poner en marcha una campaña de violencia en la región serviría para «quitar la careta a Na-Bai». Una postura que manifiesta el evidente rencor con el que desde la banda se mira a esa formación nacionalista.
De forma paralela, la cúpula etarra mantiene a los gobiernos de UPN en su especial punto de mira por varias razones. Por ostentar el poder de forma hegemónica en los últimos años y por su posición mucho más dura que las instituciones vascas con respecto a todas las cuestiones vinculadas con la ilegalización y la aplicación de la Ley de Partidos.
En ese contexto no es casual que la 'kale borroka' haya experimentado un importante rebrote en Navarra. Según la última memoria de la Fiscalía General del Estado, en 2007 se registró un aumento del 170% en los incidentes vinculados con la violencia callejera en la comunidad foral. De hecho, las últimas operaciones policiales de «importancia» contra los grupos de jóvenes radicales se han desarrollado en esta comunidad. El propio Rubalcaba las calificó como actuaciones «contra la cantera de ETA».