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ÁLAVA

Unos 3.000 jóvenes secitaron de madrugadaen la plaza de la VirgenBlanca para exigir la ampliación de la hora de cierre de los bares

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Lo que estaba llamado a ser un botellón festivo de protesta para exigir la ampliación del horario de cierre de los bares terminó como el rosario de la aurora. Cuatro jóvenes fueron detenidos al filo de las tres y media de la madrugada acusados de ocasionar destrozos en el mobiliario urbano de la ciudad. Además de los contenedores volcados y cruzados en calles adyacentes a la plaza de la Virgen Blanca, la peor parte se la llevaron los paneles donde se exponían 200 fotografías de la muestra Periscopio. Quedaron destrozados. Literal.
Conocido el final, sigamos con el principio. La convocatoria, realizada vía internet, estaba fijada para las 2 de la madrugada del domingo 2 de noviembre. En teoría, se trataba de un macrobotellón para exigir al Ayuntamiento que no cierre los bares a la 1.30 horas. La cita, además, venía ya caldeada por el conato de altercado que hace una semana protagonizaron 300 chavales con la Policía Local cuando los guardias se disponían a sancionar a algunos dueños de locales por extralimitarse en su horario de cierre.
Pero lo que iba a ser un botellón se convirtió en una concentración ruidosa en la que participaron unos 3.000 jóvenes. El barullo fue monumental ya que los asistentes usaron silbatos que se repartieron por los bares. Llegaron con puntualidad británica. Nada más cumplirse las 2, el ambiente semidesierto de la Virgen Blanca cambió de color.
La hora y las copas de más hicieron que la gente estuviera más que participativa. Junto a los cánticos ya tradicionales como «alcohol, alcohol, alcohol, alcohol, alcohol, hemos venido a emborracharnos...» se corearon insultos contra el alcalde, Patxi Lazcoz. «Si nos cierran los bares a la 1.30 horas, a los jóvenes nos cortáis las alas», rezaba la única pancarta del lugar. También se vieron carteles con lemas como 'El alcohol me desinibide' (sí, sin 'h' y la 'i' y la 'd' de más).
Josune, Juan y Edurne fueron tres de los pocos jóvenes que acudieron a la cita pertrechados para celebrar un botellón al uso, con todas las letras. Bolsa de plástico, una botella de litro y medio de agua mineral rellena de kalimotxo... Y lo más importante: su disposición a bebérselo sentados en el suelo. «Se están cargando la marcha. Aquí es donde está todo el ambiente y no en las discotecas donde te cobran un pastón por una copa», denunciaron a este periódico.
Los ánimos fueron 'in crescendo' a medida que avanzaba la noche. En torno a las dos y media se produjo el momento de más afluencia de gente, que coincidió con cánticos a Celedón después de que una cuadrilla, tras robar una sombrilla de la terraza de un bar cercano, parodiara la marcha hasta la balconada de San Miguel ante una concurrencia entregada. El ambiente festivo era tal que incluso se llegaron a tirar fuegos artificiales desde la calle Pintorería.
Parodia de Celedón
El momento, eso sí, también coincidió con el ataque que un grupo de jóvenes -primero con el rostro descubierto y luego con capuchas- perpetró contra los paneles de la exposición fotográfica Periscopio. Tiraron uno, se fueron y a los diez minutos regresaron con la intención de destrozar el resto. Lo consiguieron en torno a las tres, jaleados por muchos de los asistentes. Pero no sólo se conformaron con tirarlos, sino que incluso quemaron alguno. Más tarde, el incivismo se trasladó a la calle Prado, donde volcaron varios contenedores al tiempo que cruzaron otros en la carretera.
Hubo cánticos provocadores preguntando «dónde está la policía». No apareció hasta las tres y media, cuando la afluencia de gente era testimonial. La Ertzaintza, alertada por agentes de la Policía Municipal que se encontraban en la zona de paisano, identificó y arrestó a cuatro jóvenes acusados de destrozos en el mobiliario urbano. Fuentes del Departamento vasco de Interior confirmaron que fueron puestos en libertad en cuestión de horas.
Tras la borrachera, la resaca dejó ayer una triste estampa de la plaza de la Virgen Blanca. Los paseantes se preguntaban qué había pasado y los directamente afectados, como los organizadores de Periscopio, condenaban sin paliativos lo ocurrido. En un comunicado, Cultural Álava mostró su «más profundo rechazo» a los actos vandálicos que «destrozaron» la exposición.
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