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11.11.08 -

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H asta hace no mucho, los comedores sociales de Bilbao eran lugares donde se servía un plato caliente a los pobres de Dios, aquellas personas marginadas y sin recursos que no tenían donde comer. A la hora de escoger los menús, no había problemas. Tradicionalmente los pobres de Dios eran gente de buen conformar. Cualquier cosa caliente caía bien en sus estómagos desentrenados.
La situación se ha complicado con los tiempos. En los comedores sociales el lugar de los pobres de Dios ha sido ocupado por los pobres de Alá, que siguen estando hambrientos, pero observan unos regímenes singulares. Efectivamente: los pobres de Alá no comen cerdo. El Corán lo prohíbe y hoy la mayoría de los clientes de los comedores son musulmanes. Este cambio sociológico ha provocado que en los centros de beneficencia las legumbres y los cocidos se sirvan sin rastro de carne.
Como es natural, el porcentaje de usuarios que no confían en Alá (católicos, ateos, politeístas, siervos de Odín...) está descontento con la descarnalización del menú. Les entendemos. Ya debe de ser bastante ingrato ir a un comedor social como para que encima te sirvan las alubias sin tocino y las lentejas sin chorizo. Qué melancolía. Si ser pobre no era suficientemente malo, ahora llega la multiculturalidad y se encarga de ponerte a dieta.
En España existen centros que ofrecen menús específicamente musulmanes. El peligro de esta medida es que con el tiempo, la tontería contemporánea y la complicación demográfica, puede derivar en el absurdo: el voluntario preguntándole al indigente si desea comida kosher, hindú, islámica, esotérica, wiccana o cienciológica.
La letanía de la época repite que todas las creencias son respetables. Ya, pero conviene que en el espacio público impere exclusivamente la razón. Lo de los comedores bilbaínos ilustra el devenir de los tiempos. Veremos si somos tan comprensivos y multiculturales cuando alguien se presente exigiendo comida cocinada según la tradición de Krypton, el planeta natal de Superman: una creencia, por supuesto, tan respetable como cualquier otra.
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