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EDITORIAL

14.11.08 -

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L a renuncia, hecha explícita ayer por cerca de sesenta futbolistas profesionales en activo de equipos de Vizcaya, Álava, Guipúzcoa, Navarra e Iparralde -respaldados con su firma por un centenar de jugadoras y ex jugadores- a formar parte de la selección vasca si no se cambia su tradicional denominación de Euskadi por la de Euskal Herria, va más allá de una mera pugna nominalista y entronca con la instrumentalización política a la que se ve sometido en nuestro país cualquier elemento con un mínimo carácter simbólico. Discutir cuál de los dos términos abarca mejor la esencia vasca sería un ejercicio inocuo si en el debate no estuviera implícita una concepción identitaria. La prolongada ambigüedad del nacionalismo democrático, que ha alimentado durante décadas la confusión entre la realidad institucional -una comunidad autónoma con anclaje legal en el Estatuto y la Constitución- y la virtualidad -el País Vasco del 'zazpiak bat'-, ha creado un clima de provisionalidad propicio al cuestionamiento y la tergiversación. Un dejar hacer, en muchos casos vergonzante o acomplejado, del que se han aprovechado sectores radicalizados. Ambas denominaciones, Euzkadi-Euskadi -una invención sabiniana- o Euskal Herria -de raíces más antiguas, cuando el nacionalismo ni se intuía- pueden contener en su seno la representatividad extensa del 'pueblo vasco'. De hecho, los artículos 1º y 2º del Estatuto contemplan expresamente la denominación oficial de 'Euskadi' con este criterio amplio. Pero de lo que no hay duda es de que la izquierda abertzale ha terminado por apropiarse del término 'Euskal Herria' para definir una entidad superadora del marco político de la comunidad autónoma y lo ha hecho con intención agitadora y de confrontación, hasta convertirlo en un nombre cargado de ideología y profundamente excluyente.
Nadie puede limitar la libertad de expresión de los firmantes del manifiesto; ni condicionar la libre voluntad de los futbolistas para jugar con la selecciones que deseen -otra cosa es la coherencia de sus actos y el carácter representativo que ostentan-. Como tampoco se puede cuestionar la legitimidad de quienes defienden la oficialidad de una selección vasca propia y diferenciada de la española. Pero llama la atención la capacidad de convocatoria que ha tenido esta iniciativa entre los jugadores profesionales de los equipos vascos y navarros, siempre reacios a movilizarse ante causas de mayor calado y siempre propicios a esgrimir una neutralidad 'apolítica' en asuntos tan sensibles como el terrorismo.
'Euzkadi' fue el nombre con el que recorrió Europa y América el equipo creado por el primer Gobierno vasco durante la Guerra Civil y que realizó importantes labores de imagen y recaudación de fondos; el combinado que ha servido de referente histórico para la recuperación de la selección vasca, incluida su equipación. Un proyecto que brotó con ilusión durante la Transición y que la instrumentalización política está a punto de sepultar.
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