La Universidad de La Rioja pone fin en otoño a su ciclo de Cursos de Verano. Así lo lleva haciendo desde hace cinco años, cuando comenzó a impartirse uno de sus cursos 'estrella', una iniciativa que debería realizarse en esta época, cuando las viñas comienzan a tornarse ocres y las bodegas transforman la uva en vino.
En este tiempo, estudiantes, viticultores y gentes del mundo de la empresa vinícola se reúnen en el Curso de Enología que, celebrándose en una ciudad vinatera como Cenicero, clausura el periplo de estudios veraniegos de la UR. Unas sesiones que combinan clases teóricas con lo último en investigación vitivinícola en materia práctica, donde sobresalen catas exclusivas, clases de poda o visitas a bodegas en plena elaboración de los caldos. Rafael Francia, doctor en Química Aplicada y director de este curso, desgrana el éxito de esta iniciativa.
-¿Cuál es el objetivo fundamental del Curso de Enología?
-El objeto de este curso es poner en contacto el mundo académico con el mundo de la enología y de las bodegas. Se trata de mezclar a los estudiantes universitarios con las empresas vinícolas y los agricultores. De esta forma, los trabajadores del sector se pueden enterar de algunas líneas novedosas sobre el vino, y los alumnos de la Universidad conocen de primera mano el mundo real de la enología y a qué se van a enfrentar cuando acaben sus estudios.
-¿Por qué se plantea desde la universidad este curso?
-La historia es reciente. Hace cinco años, dentro de los actos conmemorativos del primer centenario de la concesión del título de ciudad a Cenicero por el rey Alfonso XIII, como consecuencia del humanitario proceder de sus habitantes en la catástrofe ferroviaria de Torremontalvo, la comisión encargada de organizar el programa, entre los que yo me encontraba con sumo orgullo, decidió organizar un curso de enología. Se denominó Curso de Otoño de Enología. A través de varios profesores universitarios se elaboró un programa muy completo. Las solicitudes para participar fueron tantas que creímos que habría que organizar dos cursos. Pero se planteó la posibilidad de una continuidad en el tiempo. Entonces surgió la idea de incluir este curso anual en de la programación de verano de la Universidad de La Rioja.
-¿Por qué es este curso tan especial para la institución universitaria riojana?
-Hay varios motivos. Lo fundamental es que la Universidad no debe estar lejos de la realidad social donde se encuentra ubicada. La UR, desde sus inicios, ha estado vinculada al mundo del vino. Por ahí van varios de sus proyectos no sólo como institución académica sino también como institución investigadora. Otro motivo es que, a la hora de plantearse este tipo de cursos, la UR tiene una idea descentralizadora. Hablar de enología en el campus es bueno pero, si lo haces en Cenicero, todavía es mejor. Además no hay apenas distancia hasta la capital, así que el desplazamiento es mínimo. Por último, muy importante para nosotros, es que las bodegas se prestan a colaborar en este curso, las de Cenicero y otras que se van sumando cada año.
Visitas y catas
-Y, ¿cómo transcurren las sesiones día a día en el curso?
-El programa intenta mezclar sesiones teóricas y prácticas. Lo hacemos con conferencias y con visitas a museos, bodegas y catas muy especiales. De esta manera, el curso no es demasiado denso, pero sí muy atractivo, tanto para la parte universitaria como para los participantes del propio sector. Los temas son muy variados. Desde la Economía del 'Rioja', el manejo de cubiertas vegetales, la caracterización de los suelos vinícolas, el cambio climático, hasta la elaboración de tintos o las bases químicas de los aromas del vino. Además, claro está, de sesiones prácticas como ver hacer una barrica en la tonelería Gangutia, visitar la alcoholera del Ebro o catar vinos de Oporto.
-¿Qué intenciones tienen con esta variedad de temas?
-Lo que intentamos buscar es siempre algo novedoso en líneas de investigación y unirlo a lo clásico de un curso de estas características. Hay que darse cuenta de que los matriculados en este curso son un público muy heterogéneo. Tenemos que dar una de cal y otra de arena para mantener la atención y las expectativas de los casi 120 matriculados.
-¿Serán las catas las actividades más atractivas del curso?
-Hablaba el pensador francés Montaigne de la necesidad de saborear el vino gustoso, a la francesa, que no es otra cosa que beber pausadamente y con moderación. Este ensayista decía que los pueblos del norte de Europa beben vino y su fin no es paladearlo, sino engullirlo. Por eso, la dirección de este curso intenta inculcar en las catas esa cierta cultura para beber vino con moderación. Este año tenemos una cata en la Bodega Dinastía de Vivanco, otra en Finca Valpiedra y, la última, en Bodegas Riojanas, con dos grandes enólogos de la Denominación Rioja, Felipe Nalda y Manuel Ruiz Hernández.