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LUIS MONTES ANESTESISTA

El protagonista del caso archivado sobre las sedaciones en el Severo Ochoa de Leganés da hoy una charla en Vitoria
22.11.08 -

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«La calidad de la muerte debe ser un objetivo de la Medicina del siglo XXI»
asegura que en «Madrid se muere ahora peor que antes del escándalo». / EL CORREO
El 11 de marzo de 2005 es un día de infausto recuerdo para Luis Montes, entonces coordinador del Servicio de Urgencias del Hospital Severo Ochoa de Leganés. «Mi foto abría un periódico de tirada nacional en el que se me acusaba de matar a 400 personas». Desde entonces ha tenido que soportar un huracán de insultos y calumnias de un sector político y mediático «que quería convertirme en una especie de doctor Mengele». El caso está sobreseído y archivado. Su protagonista ha publicado ahora el libro 'El caso Leganés' (Ed. Aguilar) escrito con la colaboración del periodista Oriol Güell. Esta tarde hablará de'Morir con dignidad' en la sala Luis de Ajuria a las 19.30 horas.
-Su destitución planteaba en el colectivo de médicos un dilema moral de gran magnitud. ¿Hay miedo en sedar a pacientes terminales?
-Sí, además de las dolorosas consecuencias para el equipo de Urgencias del hospital -de aquellas doscientas personas no queda ninguna-, el llamado 'caso Leganés' ha extendido el miedo entre los médicos que ejercían una práctica habitual como era la sedación de pacientes terminales. Muchos dejaron de hacerlo. Lo he dicho muchas veces, en Madrid se muere peor ahora que antes de aquel escándalo.
-¿La sedación que se aplica a enfermos terminales acelera la muerte a cambio de evitar el sufrimiento?
-Habría que matizar: 'Terminal' es una clasificación que se aplica a un paciente con una expectativa de vida de tres meses. La sedación, admitida en el artículo 143 del Código penal, se aplica al enfermo moribundo, agonizante, aquel al que le quedan horas. Y sólo a aquellos con los que ha fracasado en cualquier tipo de tratamiento curativo o paliativo. Se les provoca la inconsciencia, para que no sigan sufriendo. Repito, hablamos de pacientes con una esperanza de vida de horas. Además de tratar con los pacientes, uno de mis cometidos como coordinador de Urgencias era estar con los familiares. Todos, el cien por cien de los casos, piden que sus seres queridos no sufran.
-¿Considera que morir sin dolor es un derecho ciudadano?
-Está contemplando en la ley de autonomía del paciente. En el siglo XXI uno de los objetivos de la Medicina debe ser la calidad de muerte. Ahorrar el sufrimiento gratuito. El principio básico de esa ley es el de preservar la dignidad de la persona y el respeto a la autonomía de su voluntad. Lo que pasa es que la relación médico paciente sigue siendo paternalista. En una sociedad democrática, plural y avanzada, deberían ser mucho más transversales. Dejemos que el paciente decida cómo quiere morir.
-Es un debate muy sensible.
-Lo es, como también es el que hay en torno a la eutanasia. Por sensibles que sean, considero que son temas en los que se debería avanzar.
Medicina privada
-En los últimos tiempos existe una tendencia a privatizar determinados servicios de los hospitales públicos.
-Vivimos en una sociedad de libre mercado, no es de extrañar que se privaticen los hospitales. Lo que me parece impresentable es que estemos fomentando el desarrollo de la medicina privada mediante la transferencia de servicios públicos, es decir, con dinero de todos.
-¿Hay una medicina de izquierdas y otra de derechas?
-No lo creo. Lo que sí hay es una medicina confesional y otra aconfesional. Los médicos no podemos apartarnos de nuestra ideología. Yo defiendo la figura del médico como alguien que asesora, informa, aconseja. Pero en una sociedad democrática debe ser el paciente quien tome las decisiones sobre su vida.
-En Inglaterra ponen al final de la lista de candidatos a un trasplante a quienes fuman o beben.
-Eso entra dentro del principio de justicia de la Bioética, que promulga que hay que aprovechar lo mejor posible cada órgano. De todas formas no es exactamente como usted lo plantea. Un paciente con una cirrosis avanzada tarda más tiempo en recibir un hígado sano que otro paciente que no presenta esa enfermedad, porque es verosímil que este último viva más tiempo.
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