En el restaurante 'La Ponderosa' de Cuenca se come de pie. No hay donde sentarse. Así, de pie, hay que ponerse ante los huevos fritos al pimentón de la Vera, la perdiz escabechada o esas torrijas fritas en aceite, empapadas en vino y decoradas con un rasguño de miel. Cuenca es sede de unas jornadas sobre ciclismo y 'La Ponderosa', el escenario de la conversación entre Igor González de Galdeano y EL CORREO. Charla de pie. Y centrada en la nueva profesión del ex líder del Tour. En 2009 ya no será secretario técnico del Euskaltel-Euskadi. Será director. Sentado al volante que ha dejado vacío Jon Odriozola. Hoy, en Derio, en la sede de la firma de telefonía, el equipo vasco inicia su decimosexta campaña. Otra vez en pie.
-Después de tres temporadas como secretario técnico, debutará como director. ¿Lo esperaba?
-No. Siempre dije que no iba a ser director, que mi función era ayudar a Miguel (Madariaga), pero las circunstancias me han obligado a sacar el título de director este mes de diciembre.
-Todo por la falta de acuerdo con Jon Odriozola, director durante las dos temporadas anteriores. ¿Qué pasó con el técnico guipuzcoano?
-No es fácil de explicar. Para mí fue una sorpresa. Él tenía unas pretensiones económicas y laborales. Ni siquiera hubo negociación. Nos dijo 'no', que no seguía, y punto.
-¿Hubo incompatibilidad personal entre ustedes?
-No, que yo sepa. Tengo una relación normal con él. Todo se debe a una cuestión suya, de su forma de ser. Ha sido fiel a lo que él piensa.
-¿Se plantearon fichar a otro técnico?
-Queríamos a alguien que entendiera el ciclismo moderno. Josu Larrazabal, que ya ha colaborado con el Orbea, va a entrar como tercer director. Seguirá a cargo de la preparación física del equipo y, además, será director en carreras de menor importancia. Gorka (Gerrikagoitia) y yo asumiremos el resto del calendario.
-Cuando dejó el ciclismo, dijo que estaba cansado de los viajes. ¿Cómo ha sentado en su casa este nuevo papel?
-Al final, tampoco varía tanto. Como secretario técnico ya cubría unos 80 días de competición al año. Será parecido. Lo que sí es cierto es que mi dedicación será mayor.
-2009 será su cuarto año en el Euskaltel. ¿Qué espera?
-A la pasada temporada sólo le pongo un 'pero'. Ha habido corredores que no han progresado lo que esperábamos. Nos faltan ganadores, victorias. Eso nos obliga a basarnos en sólo dos o tres corredores.
-Pero no hay fichajes. Siguen sin rematadores.
-Estoy convendido de que alguno va a salir.
-Menos mal que pudieron atar al campeón olímpico, a Samuel Sánchez, uno de sus pocos ganadores.
-Tenerle es una garantía. Un hito histórico para nuestro equipo. El oro es un orgullo, pero trajo consigo mil problemas para mantener aquí a Samuel. Hemos hecho un gran esfuerzo para que siga con nosotros.
-¿Llegó a verle fuera del equipo?
-No. Samuel se ha hecho ciclista en el Euskaltel-Euskadi. Ahora sería un gran corredor en cualquier escuadra, pero nos conoce, sabe cómo funcionamos y eso le da tranquilidad. Irse suponía empezar otro proyecto y eso siempre tiene pegas.
-El otro líder del equipo, Igor Antón, acabó la temporada con una grave caída en la Vuelta. ¿Cómo está?
-Bien. En recuperación. Ya ha superado su lesión, aunque aún sigue en fase de rehabilitación. Después de la concentración de esta semana, Samuel y Astarloza irán a San Diego (EE UU), al túnel del viento. En cambio, Antón se quedará en casa. Le damos tiempo para que se recupere. Su lesión de cadera era grave. Estoy seguro de que un día saldrá el diamante que tiene dentro.
-¿La lesión variará su calendario competitivo?
-Sí. Empezará más tarde. Irá al Tour. Ya que Samuel se va a centrar en ganar tanto la Vuelta al País Vasco como la Vuelta a España, Antón correrá el Tour. No para luchar por la general, pero sí para buscar su oportunidad en alguna etapa. A Astarloza le pediré que antes de acudir al Tour busque algún triunfo. No podemos dejarlo todo para Francia.
Sobre los regresos
-Con la ausencia de Zubeldia (fichado por el Astana) tiene el mismo equipo. ¿Viene alguna figura de la cantera?
-Eso esperamos. Hemos creado una estructura de cantera, con el Orbea, el Naturgas y varios equipos convenidos. Es el camino que hemos diseñado para llegar al Euskaltel-Euskadi. Sé que eso ha generado mucha controversia en el ciclismo vasco.
-Se les acusa de ser un coto cerrado. Por eso está en marcha el proyecto de un equipo profesional guipuzcoano, ajeno al Euskaltel.
-Es un asunto complicado. Parte de nuestra financiación es con dinero público y trabajamos en bien del ciclismo vasco, pero es difícil llegar a un acuerdo con todos. Las instituciones están informadas de todos nuestros pasos.
-Al final, el Euskaltel-Euskadi ha solicitado la licencia UCI Pro Tour, una liga que ha fracasado. ¿Ese papel servirá de algo en 2009?
-Lo importante es que la UCI y el Tour han llegado a un acuerdo. Espero que todo vaya mejor en 2009, aunque va a ser complicado. En el tema del dopaje, el Tour somete a los equipos a una persecución.
-Ya. Pero del último Tour quedan como herencia los positivos de Schumacher, Kohl, Piepoli, Riccó... Y con con un producto nuevo, la CERA. Como si no hubiera salida.
-Es que no salimos de ahí. El que da positivo debe ser castigado. Pero eso no justifica la persecución a la que nos vemos sometidos.
-En 2009 volverán a la competición algunos ciclistas implicados en casos de dopaje, como Basso, Vinokourov...
-Hay dos tipos de regreso. Algunos ciclistas fueron apartados de forma injusta y ahora quieren volver. Buscan demostrar su inocencia y están en su derecho. Luego están los que fueron condenados y ya han cumplido su sanción. No entiendo el empeño de la UCI en no dejarles volver.
-Y por último está Armstrong, que también regresa.
-Si te retiras, lo debes hacer a conciencia. Sin pensar en volver. Tapa a presentes y futuros ídolos. Es un tema a estudiar. ¿Por qué un campeón como él vuelve? Por dinero no es.
-¿Por qué entonces?
-Por soledad. Un deportista se siente solo cuando acaba su vida profesional. Pierde ese reconocimiento público. Creo que vuelve por eso. Su regreso es bueno publicitariamente, pero no lo es para el propio ciclismo. Contador es el futuro; Armstrong es el pasado.