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29.11.08 -

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La sonrisa se ha desdibujado del rostro de la vitoriana Ainhoa Villate. Lo que comenzó como un viaje idílico se ha avinagrado por la crispación política. El pasado miércoles tenía que estar volando a su casa. De regreso a Euskadi. Pero «todo fue cuestión de un día», como ella misma lamenta. Ahora se encuentra atrapada en Bangkok. Sin salida. Y con la «intranquilidad» de saber cuánto tiempo va a permanecer allí. Ella forma parte de los doscientos españoles que permanecen en Tailandia sin poder abandonar el país. Las protestas antigubernamentales han dejado incomunicados a miles de extranjeros al apoderarse de los dos principales aeropuertos de la capital tailandesa.
«Se respira un clima de tensión», reconocía ayer Villate desde Bangkok. Estas vacaciones ya empezaron mal para esta vitoriana. Su amiga, con la que realizó el viaje, enfermó en el norte del país y fue hospitalizada. Así que la familia de ésta voló preocupada hacia Tailandia. «Y ahora se encuentran también aquí sin poder regresar. Menos mal que ella está curada».
«Hasta ahora está todo en calma. Los chiringuitos están abiertos y los tailandeses siguen tranquilos. Sólo se empieza a ver un poco más de policía». Pero la preocupación reina entre los turistas. «Los hoteles empiezan a estar llenos». Cada uno de ellos, con el teléfono en la mano, busca respuestas a sus miles de preguntas. «La cónsul se reunió con nosotros y no sabe nada. ¡Nadie sabe nada! Nos informamos más a través de Internet. Y con las llamadas de nuestros allegados».
«Todo está en el aire»
Esa misma sensación de cansancio y aburrimiento tienen las bilbaínas Nerea Uresandi y Amaya Eguiluz, así como la vitoriana Ibone de Elejoste. Estas tres jóvenes, médicos residentes en San Sebastián, no podían imaginar que sus vacaciones de relax iban a tener un final tan agridulce. «Tenemos ganas de volver a casa. Aquí todo está en el aire», reconocen. Eso que ellas están lejos del conflicto, en una isla al sur de Tailandia. Su situación es de «calma» y «no tienen miedo», pero «tenemos la esperanza de que no vaya a más». Y sino que «vengan a rescatarnos en un helicóptero», advierten. De momento, comparten con otros turistas esta difícil situación en pleno paraíso, pero sin poder disfrutarlo. «Cuando lleguemos a casa descansaremos», concluyen.
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