La 'Y' ferroviaria, el proyecto de infraestructuras de mayor envergadura jamás impulsado en Euskadi, ha puesto sobre la mesa una ingente inversión pública cercana a 4.200 millones de euros que suponen un balón de oxígeno en plena época de vacas flacas. Tras años de dimes y diretes y promesas en papel mojado, la nueva red ferroviaria de alta velocidad ya es una realidad, con partidas asignadas de 600 millones procedentes de la adjudicación de las obras de 14 de los 38 tramos en los que se dividen los 172 kilómetros del trazado, sin contar los accesos a las capitales. Hasta la fecha, 35 empresas -más la madeja de subcontratas- siguen trabajando para que el TAV sea una realidad en 2013.
El volumen de obra por ejecutar es tal, que las grandes firmas españolas del sector no han dudado en acudir en masa a cada licitación impulsada por el Ministerio de Fomento. Para muestra, el primero de los tramos licitados, adjudicado allá por marzo de 2006: se presentaron nada menos que 24 ofertas, pero fue la unión temporal (UTE) integrada por Altuna y Uría y TECSA la que logró, por 34,2 millones, el contrato para construir los 5,2 kilómetros del subtramo II que separan Arrazua-Ubarrundia de Legutiano, a las afueras de Vitoria.
Desde entonces, se han cerrado otros trece contratos con otras tantas UTES -dada la magnitud de los trabajos, cada oferta se realiza entre dos y tres empresas-. El abanico de firmas seleccionadas es de lo más variado, con presencia de los gigantes del sector (Ferrovial, FCC, Acciona, Sacyr o Dragados) y un nutrido grupo de constructoras locales, como Moyua, Fonorte, Amenabar, Balzola, Otaduy o Murias. Entre las grandes, sólo faltarían OHL o ACS.
2009, un año clave
Pero estas cifras hablan del presente, de una realidad que dice que apenas un tercio del conjunto de las obras de la 'Y' están licitadas. Queda mucho por hacer y muchos contratos por adjudicar en 2009, en un año en el que la crisis arreciará todavía con más fuerza. Si las partidas presupuestarias de los Gobierno central y vasco se cumplen, la infraestructura recibirá una respaldo sin precedentes con la inyección de 750 millones.
De éstos, 517 procederán de las arcas del Ejecutivo autonómico, encargado de ejecutar el tramo guipuzcoano entre Bergara e Irún, de unos 76 kilómetros. Lo hará en virtud de la encomienda de gestión suscrita en abril de 2006 por las dos administraciones y que permite al Gabinete Ibarretxe liderar parte de las obras del TAV con un doble objetivo: uno, acelerar los trabajos; y dos, para terciar con los ayuntamientos de la zona del Goierri guipuzcoano, firmes opositores al tren.
Este acuerdo, alabado por ambas partes, también prevé que Lakua adelante 1.642 millones para abonar el coste de sus tramos. Esta cantidad, no obstante, será sufragará finalmente por el Ministerio de Fomento al descontarse vía Cupo. No hay que olvidar que la alta velocidad es una competencia exclusiva de la Administración central.
Hasta la fecha, la 'Y' ferroviaria ha avanzado a dos velocidades diferentes. Cuando llegó este acuerdo, Fomento ya llevaba varias estaciones de ventaja. De hecho, si las previsiones de la ministra del ramo llegan a buen puerto, 13 de los 18 tramos de la conexión Vitoria-Bilbao estarán en obras. «No vamos a consentir que Euskadi se quede aislada y un siglo por detrás», recalcó en recientes fechas Magdalena Álvarez en una entrevista concedida a este periódico. Un apoyo que en los últimos meses se ha redoblado, con más visitas a Euskadi de las que había hecho en varios años.
En Guipúzcoa, el tren parece que ha comenzado a salir de la vía lenta. En la actualidad, sólo uno de los veinte tramos en los que se divide su ramal se encuentra en obras. Lo está desde mediados de diciembre de 2007, cuando se adjudicó el trazado entre Ordizia e Itsasonso a la UTE integrada por FCC, Olabarri, Guihor y Construcciones Donosti.
Impulso en Guipúzcoa
El impulso, sin embargo, será inminente. El Departamento de Obras Públicas y Transportes, dirigido por Nuria López de Guereñu, prevé licitar cuatro tramos antes de que finalice el año y otros nueve a lo largo del próximo ejercicio. La inyección económica será más que considerable, ahora sólo falta saber si las empresas estarán dispuestas a asumir los riesgos de estar bajo la mirilla de ETA.
Pese a que la coyuntura ha sufrido un giro considerable, la primera experiencia es más que satisfactoria. Y es que al concurso público del tramo Ordizia-Itsasondo concurrieron 14 uniones de empresas integradas por 36 compañías, lo que provocó que se adjudicara por 50,4 millones, 10 menos que el precio de licitación inicial.
La construcción del TAV sigue su curso, pero el miedo es libre e incontrolable. El apoyo de las instituciones está ahí, incluso multiplicado en días como el de ayer. ¿Será suficiente?