La decisión de ETA de llevar al máximo extremo su amenaza contra el Tren de Alta Velocidad (TAV) y cometer su primer asesinato mortal contra un empresario vinculado al proyecto se produce después de que los propios jefes etarras hubieran comprobado en los últimos meses que la masa crítica que estaban consiguiendo reunir en contra del trazado era escasa. En este sentido, los últimos documentos internos de la izquierda abertzale ya habían puesto de relieve que la movilización ciudadana que la banda esperaba agrupar en contra del proyecto no alcanzaba los niveles esperados -los etarras compararon el proyecto con Leizaran o Lemoiz- por lo que se apremiaba a la ilegalizada Batasuna a que movilizase a sus bases.
Según fuentes de la lucha antiterrorista, una de las interpretaciones del atentado y de las anteriores bombas de ETA contra el tren es que la banda da por amortizado todo el tiempo empleado en crear una movilización social y considera que será necesario conformarse con las voluntades que se hayan conseguido sumar y poner todo el acento en el uso de la violencia. En algunos de los documentos internos incautados a la izquierda abertzale ya se menciona que el objetivo final no es tanto la paralización de las obras como conseguir una moratoria que inicie una discusión en base a sus propuestas -con lo que conseguirían una victoria política de cierto calado- o enfrentar a los partidos vascos. «El éxito de la campaña (contra el TAV) no se medirá sólo en función de que el proyecto se construya o no. Es más importante la concienciación que consigamos, el mensaje que difundamos, las fuerzas políticas que movilicemos y las contradicciones que creemos», escribían en 2004.
Sin kale borroka
Esta utilización «instrumental» de los atentados contra el TAV contemplaba un uso «gradual» de la violencia para evitar que una cadena de atentados cometidos cuando el movimiento comenzara a crearse provocase el aislamiento de los opositores al proyecto. En este sentido, los primeros manuales de la kale borroka sobre el Tren de Alta Velocidad iban más dirigidos hacia sabotajes propagandísticos que a una confrontación dura.
Sin embargo, entre los distintos factores que han contribuido a la imposibilidad de que la izquierda abertzale lidere un movimiento contundente contra el TAV se encuentra la misma ilegalización del partido y la detención de toda la mesa nacional tras el fin de la tregua. Sin estructuras, su capacidad de movilización social ha mermado de manera considerable. Esta falta de iniciativa, además, ha coincidido con un descenso de la kale borroka a consecuencia de las operaciones policiales contra Segi en todo Euskadi -con cerca de un centenar de detenidos en un año- por lo que no se ha visualizado la existencia de un movimiento de oposición.
En ese contexto, según fuentes de la lucha antiterrorista, la banda habría decidido liderar toda la oposición al TAV y emplear la máxima fuerza con el fin de intentar conseguir los réditos políticos que esperaba. Los expertos creen que esta forma de proceder pretende, además, aglutinar a sus seguidores alrededor de la violencia y acabar con las discusiones internas sobre la continuidad de la lucha armada.