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Política

02.01.09 -

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E l coche bomba que ETA colocó el miércoles junto a la sede de EITB es un acto de terrorismo de igual naturaleza que el resto de las acciones de terror que practica. Lo es cuando actúa contra la vida de las personas y también cuando coloca bombas, aunque sólo sea con el propósito de causar daños materiales. Sin embargo, a pesar de esa naturaleza igual, en algunas acciones de terror es posible entrever un significado propio o singular que las caracteriza.
Así, el atentado de la T-4, además del acto de barbarie que significó, contenía un mensaje sangriento dirigido al presidente del Gobierno, anunciando, a su manera, la ruptura del alto el fuego. También lo tuvo el asesinato de Isaías Carrasco, dirigido especialmente a los socialistas, a fin de que 'vivieran' muy de cerca, en su propio cuerpo, las consecuencias de aquella ruptura. Se puede también apreciar en el asesinato de Inaxio Uría, dirigido especialmente a los empresarios de nuestro país, a quienes considera enemigos del pueblo, bien por su participación en la construcción de las obras del TAV, bien porque se resisten al pago del llamado 'impuesto revolucionario'.
Tuvo también su significado propio el atentado contra EL CORREO, poniendo en grave peligro la vida de muchos empleados que trabajaban esa madrugada en las instalaciones de este diario. Su propósito era coartar y destruir la libertad de expresión e información de un medio de comunicación al que también incluye en su particular lista de enemigos. El coche bomba colocado junto a la sede de EITB forma parte de esa estrategia de limitar y anular la libertad de expresión e información no sólo del medio, sino también de los profesionales que trabajan en el mismo.
No es ninguna novedad que a ETA y a los núcleos duros de la izquierda abertzale no les satisface la política informativa de este medio, particularmente la referida al mundo de la violencia que ellos representan. Pero también es cierto que hasta ahora no habían pasado a formar parte integrante de su lista de 'objetivos militares'. Sin embargo, la decisión de colocar este coche bomba en el lugar en que se ha colocado responde, a mi entender, también a una razón añadida, probablemente más determinante que la anterior.
Intuyo que esa otra 'razón de fondo' no reside tanto en el medio de comunicación cuanto en su responsable político. Es decir, en el PNV. Tampoco creo que el objetivo principal de la acción terrorista sea tratar de corregir la política informativa sobre ETA. Más bien pienso que lo que pretenden es neutralizar o modificar la política del PNV. La misma estrategia y los mismos objetivos que cuando se actúa contra la Ertzaintza y sus instalaciones o cuando de entre los empresarios se elige atentar contra una persona tan próxima y tan allegada al PNV como Inaxio Uria. No sólo se actúa con esa determinación y esa finalidad, sino que, además, ETA quiere que los responsables políticos jeltzales, sin distingos entre Urkullu y Egibar, interioricen tales acciones como actos dirigidos políticamente contra ellos.
Tampoco es un hecho nuevo que ETA decida cometer auténticos actos de barbarie para atraer al PNV al 'club de los buenos'. La vía emprendida por ETA tras el fracaso de Lizarra, asesinando a concejales socialistas y populares, tenía como finalidad principal llevar al PNV de nuevo a una estrategia de diálogo y acuerdo con Batasuna. Es decir, se asesinaba a esos concejales para forzar el diálogo y la negociación con el PNV.
Ahora, se trata de atentar contra las instalaciones de EITB o de la Ertzaintza para presionar al PNV, pero sin actuar directamente contra esta formación. Sin embargo, tras el fracaso del proceso de paz y de los diálogos habidos en la llamada 'Mesa de Loyola', la izquierda abertzale y ETA, con todas sus diferencias y sus matices, están revisando su posicionamiento respecto de la formación jeltzale. Hay una coincidencia básica en todos ellos al considerar que el PNV no puede integrar un bloque soberanista o independentista. Lo afirmaba recientemente Arnaldo Otegi cuando señalaba que los jeltzales no pueden formar parte de dicho bloque por mera autoexclusión. Ello le llevaba a la siguiente conclusión, realmente de fuerte calado: «Y por ello, creo que tenemos que liberarnos incluso de cierto complejo que tenemos con el PNV. No podemos gastar ni un esfuerzo más en convertir al PNV en lo que no es».
ETA comparte esta apreciación. Sin embargo, hay una enorme diferencia. Mientras Otegi reflexiona sobre el bloque independentista sin el PNV, entre otras cosas, para ofrecer una salida política 'digna' al imprescindible cese definitivo de la violencia, ETA por su parte aprovecha tal análisis para cubrirse de razones no sólo para continuar con la 'lucha armada', sino también para justificar en su día la necesidad de ir más allá de la mera presión sobre los jeltzales y aledaños. Previamente, tienen que extender entre su gente la idea de que el PNV se ha pasado al otro bando, al de los enemigos. A partir de dicha decisión, uno se convierte en 'objetivo de sus acciones'.
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