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Sociedad

GENERAL

Los hospitales de Barakaldo recibieron un goteo incesante de ambulancias con niños y adultos
06.01.09 -

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El trasiego de ambulancias daba la espalda a la estrella fugaz que minutos antes había marcado el rumbo de la Cabalgata de Reyes en Sestao. Se dirigían a los centros médicos más próximos para atender a los heridos de un incidente que se coló de improviso en el guión de una ceremonia 'a priori' entrañable, que casi acaba en tragedia. Por suerte, la mayoría de los afectados pudieron regresar a sus casas horas más tarde.
En el hospital baracaldés de San Eloy, los servicios de emergencia atendieron a 19 heridos. Entre ellos a Lorena López, una pequeña de 6 años que nunca olvidará lo ocurrido. El caballo le pisó en un pie que se le hinchaba por momentos. «Había mucha gente. Todo el mundo corría...», acertaba a decir mientras su madre la estrechaba entre sus brazos para tranquilizarla.
Peor le fue a Javi González, brutalmente golpeado en la cara y el pecho, aunque eso no acabó con su sentido del humor. «Al principio, no me he enterado de lo que pasaba. He pensado '¡Qué bestia la gente, cómo se pone por unos caramelos!'», recordaba desde una silla de ruedas. Asiduo al desfile de Sestao, González había acudido al paso de la comitiva acompañado de su mujer, que también resultó con lesiones en una pierna. «Pero no es nada grave. Aunque ya habíamos avisado de que algo malo podía ocurrir. No ponen vallas para proteger a los muchos niños que van», criticaba con el cuerpo magullado y en la cara reconocibles los dos pisotones del jamelgo real.
«¿Tendré Reyes mañana?»
La misma inquietud se podía respirar en Cruces, donde acabaron 11 de los lesionados. En el área de Urgencias, el matrimonio formado por Itziar Obregón y Alberto Gutiérrez, ambos de Sestao, trataba de sobreponerse al «enorme susto» que se habían llevado cuando vieron a su hijo Iker, de 4 años, «debajo» del caballo fuera de control. El pequeño había recibido un golpe en la cabeza, aunque parecía no revestir gravedad. «No sé cómo he reaccionado -explicaba el padre aún con el miedo en el cuerpo-, pero en cuanto le he visto, le he agarrado y me lo he llevado a trompicones». De lo que Alberto sí está seguro es de que «no volveremos a una Cabalgata en la que participen animales. Ha sido horroroso».
No era el único en pensar así. A su lado, Sonia Julián revivía angustiada los momentos en que el paseo de los Reyes Magos había degenerado en un caos, con el caballo lanzándose despavorido contra el público. Una situación fuera de control de la que, confesaba ayer Sonia, tardará en recuperarse. «El animal se ha vuelto loco en cuanto le han tirado un petardo y a mí me ha empotrado contra un coche. La gente estaba muy nerviosa, histérica». No era para menos. Sonia Julián, con lesiones en el omóplato, había llegado a Urgencias con cinco niños, entre hijos y sobrinos. Una de estos, Olaia Zuberogoitia, de 8 años, no paraba de repetir si le iban a poner escayola. La pequeña había llegado aterrada al hospital ante la sospecha de que el pisotón que le había propinado el caballo, y que le había hinchado aparatosamente el pie, iba a significar que la enyesaran.
No fue hasta que el médico descartó este extremo que Olaia respiró tranquila. Aclarada esa duda, la pequeña volvió a la carga con su otro motivo de preocupación. La nena preguntó a su madre con un hilo de voz si los Reyes habían suspendido su viaje, si el incidente iba a echar por tierra todo un año de planes e ilusiones. «No te preocupes cariño», le tranquilizó su madre. «En casa de la abuela te esperan los regalos».
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