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E l año nuevo ha empezado con la congeladora noticia del corte del gas ruso a Ucrania y, de paso, la reducción de estas exportaciones a 16 países de la Unión Europea. Bruselas tiene capacidades limitadas para responder a este desafío de Putin: el presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso, ha logrado el envío de observadores europeos para controlar el suministro de gas, pero no dispone de muchas más bazas. Los dos líderes europeos que más influencia podrían ejercer ante Moscú están mirando hacia otro lado por razones distintas. La canciller alemana, Angela Merkel, ha optado por desarrollar una relación bilateral con Rusia en materia energética y comercial y, en el fondo, se desentiende. Por su parte, Nicolas Sarkozy tiene a favor la autonomía energética francesa basada en su energía nuclear y está volcado en lograr un muy necesario alto el fuego en Gaza.
Es cierto que el precio del gas ha bajado desde la primera crisis Rusia-Ucrania en 2006 y que la nueva disputa entre los dos vecinos por lo menos ha llevado inmediatamente a un arbitraje internacional. Pero la presente crisis vuelve a poner de manifiesto la peligrosa dependencia energética de Rusia que arrastra la UE -hasta un 40%, una cifra que aumenta mucho en los países del Este- y las escasas iniciativas que se han tomado hasta ahora para reducirla. Hay que subrayar que el no nato Tratado de Lisboa convierte en competencia europea la seguridad en el suministro de energía, da poder legislativo a las instituciones comunitarias para regularla y exige que los estados miembros traten esta cuestión estratégica con espíritu de solidaridad. Esto no quiere decir que si el pacto de Lisboa hubiera entrado en vigor Putin no habría vuelto a enseñar los dientes, pero al menos la Comisión Europea tendría un arsenal jurídico y político más nutrido para tratar de responder. En cualquier caso, es posible que el mandatario ruso no consiga aumentar su poder internacional con esta jugada, ya que el 60% del presupuesto estatal depende de los ingresos del petróleo y del gas, y para compensar la bajada de precios lo que de verdad necesita es hacer más atractivo su país para la inversión extranjera.
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