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Un capo de la Camorra huye de la Policía por un pasadizo excavado bajo su cama
Un policía muestra la entrada del túnel de escape del mafioso./ AFP
Uno de los capos más buscados de la Camorra, Giuseppe Setola, del clan de los Casalesi, logró escapar ayer a una redada de la Policía a través de un túnel excavado en el suelo de su vivienda que desembocaba en la red de alcantarillas. A las ocho de la mañana, tras caminar kilómetro y medio por el subsuelo con dos guardaespaldas, salió a la superficie en las afueras de la localidad, Trentola Ducenta, en la zona de Caserta. Esa salida estaba en medio de una carretera, frente a una gasolinera, y ante los ojos atónitos de algunos automovilistas y viandantes, la losa de la alcantarilla se movió y aparecieron Setola y los suyos armados con pistolas. Pararon un coche, obligaron a salir al conductor y huyeron. Setola es el capo del comando que el pasado 30 de septiembre firmó la matanza de seis africanos y un italiano en Castelvolturno.
La Policía pudo arrestar sólo a su mujer, y más tarde encontró la vía de fuga. Se trataba de una compuerta oculta bajo la cama matrimonial, que daba a un túnel. La casa era una mísera construcción a nivel del suelo, protegida por una tapia, con un dormitorio, una sala y un baño. Al lado había otro local, cochambroso, donde se ocultaba otra compuerta de fuga subterránea. Fuera de la vivienda se levantaba un montón de basura, arrojada por Setola para no tener que salir al exterior.
Dedicatoria papal
En la casa había un libro de Juan Pablo II, con una dedicatoria, probablemente un regalo de su mujer, dos latas de Coca Cola y una botella de colonia Cartier junto a un frasco de ansiolíticos. En la cocina, pasta, aceite y la caja de una tarta. También había un crucifijo en la pared. Setola, de 39 años, fue monaguillo y era miembro de Acción Católica antes de adentrarse en la Camorra a los 21 años. Además de la Policía quizá le busca también ella, pues su grupo es una facción rebelde que ha ido por libre y ha desobedecido las órdenes de los capos de la zona. Su anterior fuga había sido aún más ingeniosa, siempre con la colaboración de la desastrosa justicia italiana: estaba ya en prisión, pero se hizo pasar por ciego y fue enviado a una clínica de Pavía, donde desapareció.
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