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Sociedad

05.03.09 -

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No es de extrañar que niños y adolescentes hayan entrado a formar parte de la clientela fija de los centros de estética y clínicas dermatológicas en un país, como España, que es el cuarto del mundo donde más trabajan los cirujanos plásticos. Para alcanzar tan destacada plaza, los clientes tienen que salir de algún sitio. Los últimos en acudir al especialista -y a los que no lo son- han llegado de la casa de sus padres.
Las consultas de dermatología están viviendo, en realidad, un fenómeno que comenzaron a experimentar hace años las de cirugía plástica. Muchos padres, cada vez más, regalan a sus hijos operaciones de estética, de aumento de las mamas o para quitar una cantidad molesta de grasa, como premio de fin de carrera o para festejar un cumpleaños significativo. Los quince, por ejemplo.
La moda y la generosidad paterna han contribuido a elevar a casi 40.000 el número de menores españoles que cada año cruzan las puertas de un quirófano con la esperanza de que una nueva imagen física les propicie un mayor éxito social. Algunos pacientes sólo quieren verse mejor mediante la corrección de unas orejas de soplillo que les traen por la calle de la amargura. El auge del tanga lleva a algunas mujeres, incluso adolescentes, a recortarse los labios menores de la vagina por motivos meramente estéticos. «Hay operaciones de estética que se evitarían en la consulta del psicólogo», ha llegado a reconocer el cirujano plástico José Manuel Pérez Macías, que fue presidente de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética.
La situación ha llegado al extremo que la Junta de Andalucía ha decidido endurecer por decreto las condiciones para que los menores se sometan a una intervención de este tipo. Desde el pasado martes, el Gobierno andaluz les exige realizar un examen psicológico que permita evaluar su nivel de madurez.
El uso del láser para librarse del vello tal vez no requiera tanto requisito. Pero sí, al menos, manos profesionales que eviten un disgusto, según dice Nerea Landa. «Hace falta una regulación seria para garantizar que estos tratamientos tienen la necesaria supervisión médica», recalca.
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