Paredes desconchadas, ventanucos mugrientos, suelos pringosos, tres perros 'terrier' correteando arriba y abajo entre ladridos, un gato atigrado y un loro. Así era la sala de operaciones, el funesto escenario con el que se topaban las pacientes cuando decidían ponerse en manos del temerario cirujano. Por no tener no tenía ni título. Regentaba la clínica ilegal en un lúgubre piso situado en el barrio barcelonés del Raval en condiciones deplorables y con prácticas de película de terror. Realizaba operaciones estéticas mediante el uso de instrumentos veterinarios que no eran esterilizados. Juan P. L., de 63 años y nacionalidad española, fue arrestado y ha ingresado en prisión por un delito contra la salud pública y otro de intrusismo profesional.
Dos meses han tardado los Mossos d'Esquadra en dar con este falso cirujano. La pista la dio un médico del País Vasco. Una paciente había acudido a su consulta tras ser sometida a una operación de aumento de mama en Barcelona mediante la inyección de un líquido coloidal. El médico informó de las graves irregularidades detectadas al Departamento de Salud en Catalunya. Pero inicialmente se disponían de pocos datos para dar con el paradero de la clínica fraudulenta. Sólo un número de teléfono móvil de prepago que no iba a asociado a ningún titular.
Las operaciones tenían precios de saldo. Entre 250 y 500 euros costaba el aumento de pecho o nalgas. Un atractivo para muchas de las clientas, en su mayoría transexuales, que acudían a la clínica ilegal. El acusado tenía una agenda bien apretada. Hasta allí llegaban personas venidas de toda España. En el mismo momento de su detención ya tenía todo preparado para intervenir a una joven de 29 años que había viajado expresamente desde Madrid para someterse a la operación de aumento de pecho. El domingo tenía cita con otra clienta, según contaba en su agenda.
El material quirúrgico ponía los pelos de punta: unas pistolas de uso veterinario. Con ellas, el detenido inyectaba silicona líquida a sus pacientes, un tipo de material que no es apto para cirugía estética. Pero la retahíla de perniciosos métodos que ponían en riesgo la salud de las pacientes no se quedaba ahí. En la sala de operaciones no había ni rastro de aparatos esterilizadores. Lo que significa que las mismas pistolas de agujas reutilizables eran empleadas con diferentes clientas, con el consiguiente riesgo de infecciones y contagio de enfermedades.
En las inmediaciones del piso intervenido, en el barrio del Raval, la existencia de la clínica ilegal era un secreto a voces. «Entraba mucha gente, sobre todo travestis», declaraba ayer un vecino.