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28.04.09 -

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C iertamente el Gabinete López no lo va a tener fácil. Los socios que tiene ya le han forzado a aparcar los proyectos que podían ser más de cambio (reforma del Estatuto, por ejemplo) y le empujan al 'descambio' con material inflamable (las 'e': euskera, EiTB, Educación, Ertzaintza, eskubideak, Etxerat...). Dos de las 'e' implican a Cultura. Hay el temor de que sea una legislatura de desmontaje, liosa y perdida.
Pero a partir de ahí las cosas se pueden hacer mejor o peor. Y no ganamos socialmente si se hacen peor. Siendo razonable en general reducir el número de departamentos, no lo es eliminar, en particular, el de Cultura para adjuntarlo a Educación, tal y como oficiosamente se ha dicho. A lo mejor es todo un infundio pero por si acaso... Después ya no tendría remedio.
La decisión de un único departamento de Educación y Cultura sería poco progresista, ajena a la tradición socialista y muy negativa para la cultura de un pequeño país en la era global y para sus agentes. Experimentos con gaseosa, los mínimos.
Hay algunas razones de peso para no unir los dos departamentos.
En primer lugar, se entendió como una gran contribución de André Malraux a la cultura administrativa continental tras la Guerra Mundial, la puesta en pie de un específico ministerio de Cultura en Francia, alejándose de los modelos de ministerio de Instrucción Pública, competente también en Cultura. En el caso español, UCD creó un ministerio propio. Se trataba de realzar el papel de la cultura en las sociedades europeas en claves de democratización y de identidad nacional. Ni el propio Zapatero se ha atrevido a hacer desaparecer el Ministerio de Cultura a pesar de que tiene muy pocas competencias, escaso presupuesto y la cultura española, ningún riesgo. El ministerio tiene su aquél por el lado simbólico y algunas decisiones normativas que se reserva (cine, propiedad intelectual...).
En segundo lugar, en el caso vasco -un pequeño gran país con una clara y vulnerable identidad, con una sociedad culta que quiere reforzar su cultura, en general, y la parte minorizada de su cultura, en especial- con mucha más razón se ha de mantener un departamento específico. Infravalorar simbólicamente la cultura vasca -que es bastante definible pero también mestiza, con subidentidades y convivencial- es fuente de agravios, inútiles por lo demás.
En tercer lugar, cuenta con todas las competencias de patrimonio, apoyo a las artes, industrias culturales y medios de comunicación propios, y no puede permitirse el lujo de perder un presupuesto autónomo, aunque sea limitado, ni ese rango administrativo para la cultura. No se entendería.
En cuarto lugar, los proyectos culturales en marcha o en curso son muchos y de gran interés, expresados en el II Plan Vasco de Cultura, recién aprobado por el Consejo Vasco de la Cultura. Desde luego, los socialistas tendrán que reinterpretar ese plan desde su propia perspectiva, pero no deberán ignorar lo que son acuerdos y compromisos formulados a demanda de los sectores organizados de la cultura (12 grupos de trabajo con más de 300 creadores, empresas, administraciones...) después de años de trabajo.
Algunos de los 98 compromisos nuevos con el sector cultural, después de haberse ejecutado otros 105 en la pasada legislatura, son: el espaldarazo definitivo al Instituto de Artes e Industrias Culturales; actualizar los sistemas de ayudas incluyendo sistemas automáticos; impulsar nuevos tipos de fomento (financiaciones, líneas industriales...); consolidar el Observatorio Vasco de Cultura; creación del Centro Vasco del Patrimonio Cultural (ZAIN) y el Museo de la Historia y la Sociedad Vasca; materializar el Archivo Histórico Nacional y la Biblioteca de Euskadi; publicar el decreto para 35 nuevas FM; seguir desarrollando el contrato-programa de EITB de cara a la cultura; aprobar la ley para un Consejo Vasco de la Comunicación Audiovisual; creación de un Portal Interactivo de la Cultura; creación de las Dantza Etxeak en cada territorio; apoyar el Centro Superior de Artes Escénicas; la reforma de Sarea; continuar el desarrollo del Plan de Normalización del Uso del Euskera garantizando que la mayoría de los servicios culturales se ofrezcan también en euskera; desarrollar el Instituto Etxepare para reforzar su internacionalización y la presencia de la cultura vasca en el Estado español...
En quinto lugar, hay cuestiones de sentido común. Educación es un macrodepartamento de muy compleja gestión y grandes temas; el segundo de los grandes presupuestos del Gobierno (el 25% del Presupuesto General para 2009, con 2.625,9 millones). En caso de suma, Cultura pasaría a un plano secundario. Si ya de por sí el presupuesto de Cultura es pequeño (12% del de Educación incluido EiTB) y hay que sacarle chispas con múltiples iniciativas, su desaparición autónoma ya sería una condena. Ciertamente hay temas comunes entre Educación y Cultura. Por ejemplo, la futura Escuela Superior de Artes Escénicas que es competencia de Educación pero requiere la colaboración de Cultura. Eso se resuelve mediante coordinación.
Finalmente, es de esperar que quien vaya a liderar la cultura tenga el perfil de interés, sensibilidad, conocimiento, buen trato, nulas 'obsesiones identitarias' españolizadoras ni de las otras, vasquista y bilingüe.
Entiendo que se diga que los nacionalistas suelen patrimonializar la cultura vasca en su vertiente de euskal kultura. Es verdad, pero ha sido inevitable. Porque, junto a algunos pocos sabios euskalzales, son casi los únicos que la han promovido históricamente. Si fuera por otros, la euskal kultura y el euskera estarían sólo en el recuerdo. Un baldón difícil de borrar. El PP y el PSE siempre se han comportado de forma reactiva, defensiva, limitadora y nunca propositiva. ¿Por qué? Ven la propia cultura vasca con sospecha; confunden cultura vasca con nacionalismo; y la ven como enemiga de su (legítima) identidad nacional predominantemente vasco-española o española. ¿Cuándo tomarán la iniciativa proactiva, compitiendo en positivo con el nacionalismo en ese plano, como el PSC lo ha hecho? Ahora pueden empezar.
En cambio, si se hiciera esa absorción departamental se mostraría poca sensibilidad no sólo ante la euskal kultura sino también ante la cultura en su conjunto; y se ganaría desde el principio la hostilidad de las gentes de la cultura que, si ya se saben la cenicienta de los presupuestos públicos, ahora ni se merecerían siquiera un departamento. ¡Sean razonables!
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