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Política

CAMBIO HISTÓRICO EN EUSKADI | OPINIÓN

06.05.09 - 09:10 -

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Si a alguien le quedaban aún dudas sobre los motivos que han propiciado la alternancia en el Gobierno vasco, el hasta ayer lehendakari Juan José Ibarretxe se las habrá despejado de raíz. Ni Patxi López ni Antonio Basagoiti lograron transmitirle con tan meridiana claridad el porqué último de su acuerdo. Tras escuchar, en cambio, los razonamientos de Ibarretxe, centrados, sobre todo, en la deslegitimación de los resultados electorales y en el tratamiento de los promotores del nuevo Ejecutivo como si de fuerzas políticas ajenas al país se tratara, el ciudadano dubitativo habrá llegado a la conclusión de que el pacto a que éstos han llegado era del todo inevitable.
No era en absoluto posible que quienes así son tratados dejaran pasar la oportunidad de ponerse de acuerdo por encima de sus diferencias. Se les había convertido en una cuestión de dignidad. No le habrá hecho falta a ese ciudadano recurrir, para entender lo que pasa, a la estrategia conspirativa del Estado que tan detalladamente expuso Joseba Egibar. Le habrá bastado con sopesar la carga de sectarismo que lastraban las palabras del hasta ahora lehendakari para comprender y dar por bueno el acuerdo a que han llegado socialistas y populares. Quizá no sepa aún en qué consiste el cambio que éstos le prometen, pero, consista en lo que consista, sabe, al menos, que Ibarretxe lo había hecho necesario.
En este sentido, el cambio está ya, en buena medida, consumado. No se trata, con esta afirmación, de quitar importancia a lo que todavía está por venir, y que será, sin duda, mucho. Se trata, por el contrario, de destacar la importancia de lo que ya ha ocurrido. Y lo que ha ocurrido no es, en el fondo, sino que el discurso que Patxi López ha venido pronunciando desde la oposición se pronunció ayer desde la posición de gobernante y tiene, por tanto, visos de poder trasformarse en realidad. Las mismas palabras adquieren así otra proyección y otra trascendencia. Adquieren, sobre todo, una mucho mayor capacidad de transformación de cara a la sociedad.
Este hecho es decisivo y, oído lo que se dijo en el Parlamento, merece ser destacado. Porque, ayer, dos personas que van a asumir, cada una a su nivel, responsabilidades de gobierno, Patxi López y Antonio Basagoiti, se vieron obligadas, por el acoso que sufrieron por parte de quien ejerció el papel de principal opositor, a reivindicar la condición de vascos que implícitamente se les negaba. Que esto tuviera que ocurrir ayer, tras casi treinta años de autogobierno en democracia, constituye un hecho extremadamente preocupante. Significa lo mucho que hemos retrocedido en los últimos diez años, así como la necesidad que se ha instalado en el país de sacudir las categorías mentales con que algunos todavía incomprensiblemente funcionan. Sólo por que alguien sea capaz de lograr esta sacudida, resulta bienvenido el cambio.
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