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Un mito 'El Chopo'

José Ángel Iribar habla de sus inicios en el Athletic, de su debut, de las cinco finales de Copa, de su memorable actuación en Anfield Road... Es el diario de una leyenda
13.05.09 -

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Hablar con José Ángel Iribar es darle voz a la esencia del Athletic. Su memoria es prodigiosa y su forma de contar las cosas conmueve. Todavía se emociona al evocar tal o cual partido y sus ojos chispean cuando se agolpan los recuerdos de su debut, las finales de Copa y aquella parada decisiva. 'El Chopo' es el club rojiblanco, y viceversa. Quién mejor que él para explicar el sentimiento a unos colores, las cualidades de una afición «única», la pertenencia a un colectivo privilegiado y la importancia que supone para Bilbao y Vizcaya la gran final de esta noche en Mestalla ante el Barcelona.
Su biografía como guardameta y leyenda viva del Athletic empezó a escribirse un mes de septiembre de hace 60 años en Zarautz, su localidad natal. El pequeño Iribar y sus compañeros del colegio de La Salle hicieron una excursión al monte al poco de iniciarse el curso. Alguien había llevado un balón y el profesor animó a sus alumnos a jugar un partido. Se improvisaron unas porterías con piedras y los más 'veteranos' contaron pasos para elegir los equipos. A él, algo poco habitual, le mandaron a una de las porterías no porque fuera torpe con el balón en los pies, sino porque lo que realmente se le daba bien era pararlo. Era una cualidad innata, vocacional. «Un niño me señaló y dijo 'que se ponga éste, que es muy bueno'». Ojeador de lujo.
Desde entonces se convirtió en el cancerbero de la escuela en todos los torneos y también en los encuentros que se organizaban en la playa, cuna de aprendizaje de numerosos futbolistas de la provincia. Su familia, muy numerosa, solía reunirse con asiduidad a charlar de fútbol durante horas alrededor de una mesa. La radio le conectaba con los mejores campos de España y su imaginación se desbocaba cuando leía las crónicas de los partidos. «Las retransmisiones eran muy buenas, realmente te situaban en las jugadas. De repente estabas en el campo. Todo era imaginación y eso me ayudó muchísimo. Ahora es distinto porque tienes la posibilidad de verlo casi todo. Yo le doy mucho valor a la imaginación». Su aita y sus tíos le llevaban a veces al estadio de Atocha a ver al Athletic, al Real Madrid... Allí tuvo la oportunidad de presenciar en directo actuaciones memorables de Carmelo, Araquistáin y otros magníficos metas del momento.
Pero su primera referencia fue mucho más modesta y cercana. Él quería emular a Edmundo, el portero del Club Deportivo Zarautz, de Tercera. Le llamaron la atención su sobriedad y su entrega. Iribar también llegó a fichar por el equipo de su pueblo, pero pronto recaló en el Basconia. Rememora de aquel entonces lo que todavía llama «los partidos de los jueves», cuando hacían de «'sparrings'» para el Athletic en los entrenamientos. Fue la primera vez que vio de cerca a Carmelo y a López, su suplente. «Carmelo paraba la tira y López era técnicamente muy bueno». Aprendió mucho en aquellos choques y algo debieron ver en él porque con sólo 18 años recibió la llamada del club rojiblanco y se quedó para siempre.
Ganarse el respeto
En las sesiones preparatorias empezó a darse cuenta de que aquello era otra historia y que debía machacarse para «intentar llegar a algo». Su mejor ejemplo fue el propio Carmelo. «Además de sus cualidades, me impresionó su entrega y cómo se aplicaba con los delanteros. ¡Qué ganas de superación, incluso con el campo embarrado! Hasta entonces yo no había vivido el fútbol con esa intensidad». Aprendió «mucho» en aquellos meses, en los que empezaron a fraguarse los mimbres que le convertirían en el mejor guardameta de la historia del Athletic y en uno de los más grandes de todos los tiempos. La ayuda de sus compañeros fue fundamental. «Me decían que el otro portero había parado más que yo para que asumiera que tenía que competir más. Hay que tener en cuenta que me lo decían futbolistas internacionales», subraya.
Y un buen día de septiembre de 1962 -otra vez septiembre, como ocurrió en su niñez- llegó su oportunidad. Fue en Málaga. Carmelo se dio un golpe en la cabeza y quedó conmocionado. Iribar le sustituyó. El equipo perdía ya 2-0 cuando entró en el campo y ése fue el resultado final. «Salí los últimos diez minutos. Mi debut real se produjo al siguiente partido en casa ante el Real Madrid. No nos jugábamos nada porque el Madrid ya era campeón, pero un partido contra el Madrid siempre tenía su aquel. Vino toda mi cuadrilla de Zarautz y se puso detrás de una de las porterías para animarme». Enfrente, futbolistas de talla mundial como Di Stefano, Puskas...
Su consolidación llegó una temporada más tarde, con Ochoa como entrenador. Le dio la 'alternativa' en Valencia y, desde aquel día, los palos le cobijaron año tras año, como si fueran su segunda casa. Pronto se ganó el respeto de sus defensas y de sus rivales. Los cronistas de la época han dejado escrito que sólo contemplarle en la portería ya imponía. Su solidez era extraordinaria y, además, no tenía ningún miedo a salir del arco, una cualidad muy valorada por sus compañeros. «Te pedían que salieras a por los balones y ahí es donde creo que me los gané. Les daba seguridad», señala.
Iribar es todo humildad cuando habla de sí mismo. Emplea la frase «tuve mucho trabajo» cuando alude a un partidazo. Y ese es el término elegido cuando recuerda la que considera su mejor actuación. Fue el 2 de octubre de 1968 en el mítico Anfield Road, en un cruce de Copa de Ferias (antigua UEFA). El Athletic había ganado en la ida por 2-1 y se presentó en el templo del Liverpool con todas las opciones. Los rojiblancos se adelantaron con gol de Argoitia, pero los ingleses remontaron con tantos de Lawler y Hughes e igualaron la eliminatoria. Las intervenciones del 'Chopo' fueron increíbles ante un Liverpool volcado que hacía mucho daño.
Entonces no se desempataba a penaltis, así que tras una prórroga en la que el de Zarautz lo paró todo sería la moneda al aire la que decidiría el ganador. A rojo o azul. El árbitro, Keiseleer, llamó a los capitanes: Koldo Agirre y Smith. «Agirre eligió el rojo y el otro le dijo que no, que los 'reds' eran ellos. Así que Agirre le respondió 'pues qué más da, el rojo para ti'. Todos estábamos rodeando al árbitro». El 'referee' lanzó la moneda -Iribar mira de frente, al aire, como si realmente estuviera suspendida en ese momento- y salió... azul. Increíble. «Se habló de milagro, de que había intervenido la Virgen de Begoña», dice sonriente. Él llegó al vestuario «agotado» después de un choque de tan alto voltaje. Al día siguiente la Prensa de Liverpool coincidió en los titulares: 'El Athletic ganó con un ángel volador'». El apodo le gustó. «Fue muy bonito y rompió un poco la imagen de sobriedad que se tenía de mí. Yo no solía adornarme, pero es cierto que para llegar a algunos balones tuve que volar».
Iribar disputó cinco finales de Copa entre 1966 y 1977. En la primera el Athletic perdió ante el Zaragoza y, a pesar de todo, los aficionados rojiblancos acuñaron el famoso 'Chopo es cojonudo', le pusieron una 'txapela' al término del partido y le sacaron a hombros. «Cuando vivías esas cosas te hacías aún más del Athletic y te dabas cuenta de que sus seguidores eran únicos. Gestos de ese tipo te llegaban muy dentro». Tampoco se consiguió el título en 1967 ante el Valencia, pero sí dos años después ante el Elche. El 'angel volador' jamás olvidará aquel recibimiento en los alrededores del Ayuntamiento de Bilbao. «Es que la gente ya se asomaba a los caseríos para felicitarnos durante el viaje. Era increíble». Algo parecido ocurrió en 1973, cuando los rojiblancos se alzaron con la Copa al derrotar al Castellón en el Bernabéu.
Tanda de penaltis
Sin duda uno de los momentos más amargos del 'Chopo' fue la final perdida ante el Betis cuatro años después. «Éramos favoritos y fallamos». La tanda de penaltis fue cruel con el meta rojiblanco. Esnaola marcó e Iribar -era ya la pena máxima número veinte- lo falló. Tenía 35 años y se le escapaba su última gran oportunidad. «Suelo decir que el mérito fue del portero, que me lo paró», dice con sorna y media sonrisa. Fue duro, pero él prefiere ver siempre el lado bueno. El de las leyendas.
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