Mario Benedetti (Paso de los Toros, Uruguay, 1920) es, con toda seguridad, el poeta vivo más popular de cuantos escriben en castellano. Pero no sólo de poesía se compone su voluminosa obra, que alcanza los ochenta títulos: también se ha prodigado en la novela y el cuento, y ayer mismo, en coincidencia con su cumpleaños, vio la luz 'Memoria y esperanza' (Ed. Destino), un ensayo dirigido a los jóvenes en el que apela a su capacidad de transformación del mundo. Benedetti, un defensor de la utopía que ha alzado su voz tantas veces para defender a los desfavorecidos, no ha perdido ni un ápice de su lucidez. Por eso quiere que los jóvenes contemplen el mundo con una mirada diferente y se hagan preguntas. Unos jóvenes que, como comenta en una entrevista concedida a 'Territorios', están ahora por lo general «distraídos, despolitizados y engañados», pero que mantienen intacto su potencial para generar cambios.
-Ha escrito un libro dirigido a los jóvenes que se titula 'Memoria y esperanza'. ¿La inclusión de la palabra 'esperanza' significa que ha dejado a un lado ese pesimismo que ha impregnado toda su obra y su pensamiento?
-Yo no me considero un pesimista; al contrario, por eso me he pasado la vida escribiendo poemas de amor, y sigo haciéndolo. Señalo el desastre del mundo en que vivimos, pero sigo creyendo que siempre hay uno mejor que es posible. Otra cosa es que tal y como está el panorama, ya no me toque verlo. Alguna vez dije que un pesimista no es más que un optimista bien informado.
-Y 'memoria'. ¿La memoria, cuando se han superado los ochenta, es un anestésico o más bien algo que nos recuerda lo que no volverá?
-Cuando se ha superado los ochenta, la memoria es algo que se agradece, antes que nada.
-Usted confía en los jóvenes, en su potencialidad y su rebeldía. ¿Cómo ve a los jóvenes de hoy, en comparación con los de su generación?
-Distraídos por el consumo, despolitizados, engañados, pero estoy convencido que esto es temporal; así lo muestra la historia. Siempre son los jóvenes los que producen los cambios, las revoluciones.
-¿Es inevitable, como dice en su libro tomando un verso de José Emilio Pacheco, que los jóvenes se conviertan, con el paso del tiempo, en aquello contra lo que lucharon cuando tenían 20 años?
-Es habitual, no inevitable.
-Muchos jóvenes de hoy no tienen el hábito de leer. ¿Qué consecuencias puede tener esa carencia?
-La lectura es enseñanza y también es placer. No leer es empobrecerse como persona y perder uno de los escasos premios de la vida.
Utopías
-En uno de sus libros dice: «Sin querer me metí en una utopía y no pude salir». ¿Cuál es hoy su utopía y qué cree que ha hecho por ella su obra literaria?
-Mi utopía es hoy seguir escribiendo poesía. En cuanto a qué ha hecho por ella mi obra, preferiría que se lo pregunte a mis lectores.
-¿Están los jóvenes de hoy por las utopías o sólo están por ella unos pocos?
-Nunca fueron muchos, pero no hay que olvidar que gracias a esos jóvenes parte del pobre mundo se hizo mas lúcido.
-En muchas ocasiones, ha hablado de la globalización en términos muy negativos. ¿No ve posible que lleve consigo una extensión del conocimiento, un salto en el saber sólo comparable al que supuso en su día la imprenta, como auguran muchos especialistas?
-Internet no es para mi generación. No veo que la globalización haya traído nada demasiado bueno, aunque a muchos les ilusione. El mundo es más rico, los países (algunos) más poderosos, la información es veloz y mucha, pero la gente es cada vez más pobre; cada vez mueren más personas de hambre o de epidemias, y sigue habiendo guerras (en las que siempre está metida alguna religión) difíciles de entender.
-A la hora de poder salvar al mundo, ¿confía más en la cultura, el miedo, la solidaridad o la piedad?
-No me animo a responder a eso. Nunca me puse pensar quiénes podrían salvar al mundo.
Literatura
-Algunos de sus poemas más célebres han sido convertidos en canciones. ¿Tienen así más fuerza?
-La canción llega a mucha más gente que la poesía, sin duda, y los cantantes que han sabido dotar de contenido a sus canciones han hecho una buena labor por todo el mundo.
-¿Se considera por encima de todo poeta? ¿Se ha sentido más a gusto en ese género?
-He cultivado todos los géneros, publicado más de 80 libros, pero siempre me he considerado y me sigo considerando un poeta.
-Usted ha tenido numerosas ocupaciones al margen de la literatura. ¿Habría cambiado algo si hubiese dedicado los últimos cincuenta años a la literatura de forma exclusiva?
-La literatura siempre tiene que ver con la vida, no me imagino a una sin la otra.
-Alguna vez ha dicho que el calificativo de 'escritor político' le ha perjudicado. ¿Cree que también ha sido negativo a la hora de recibir distinciones y premios?
-Llevo años rechazando distinciones y premios; a veces, varios por semana. Los pocos que acepté, fue para donar el dinero a organizaciones sociales que lo merecían y lo sabrían repartir.
-¿Ser escritor tiene hoy la misma trascendencia social que cuando usted comenzó a publicar?
-No la tiene ahora y tampoco la tuvo antes. La trascendencia que puede tener afecta normalmente al individuo, y casi nunca a las multitudes.