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POLÍTICA

La huelga general de hoy puede reflejar la existencia de una mayoría social en el entorno laboral de Euskadi distinta a la mayoría política que sustenta el Gobierno de Patxi López

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Y después, ¿qué?
La certeza de que la crisis no es consecuencia de los costes del empleo constituye el argumento moral con el que los sindicatos que han convocado la huelga de hoy tratan de legitimarla. La idea de que la recesión la han provocado 'ellos' y no 'nosotros' permite a dichas centrales dibujar una línea de separación que obliga a la inmensa mayoría de la sociedad a ponerse a este lado y no al otro. Es improbable que haya en Euskadi quien se reconozca causante de la crisis global, por lo que, siguiendo con la argumentación, nadie debería discutir que la llamada a la huelga responde a un sentir generalizado de indignación.
Pero como toda la población, sea cual sea el nivel de ingresos o el grado de responsabilidad pública o privada, se ve afectada por una crisis que no ha provocado, la convocatoria de una huelga general 'contra todo' se vuelve desconcertante. En la sociedad vasca ha acabado arraigando una cultura de lo público ciertamente paradójica, que en demasiadas ocasiones ha confrontado legitimidad con legalidad, y que en lo que respecta a la convocatoria de hoy tiende a convertir toda decisión legítima en una opción ineludible. La huelga general convocada es legal y legítima. Pero ello no la hace incuestionable. La contestación a su convocatoria responde en gran medida a una sociedad cuya libertad está tan consolidada -y tan regulada- que no precisa de medidas excepcionales para mostrar su disgusto o protesta.
La indignación social ante una crisis de origen remoto permite ocultar los intereses sindicales que se juegan en la convocatoria. Sería una ingenuidad, reflejo de un tabú incomprensible a estas alturas, concebir las decisiones sindicales como si respondieran únicamente a propósitos bienintencionados vinculados a aspiraciones genuinas de clase. La conducta sindical obedece a impulsos de poder, especialmente en Euskadi. De manera que la huelga de hoy también persigue condenar al ostracismo a CCOO y UGT en tanto se muestren -como parece ser el caso- incapaces de evitarla; al tiempo que ELA pone a prueba sus fuerzas respecto a las de LAB para afianzarse definitivamente como central hegemónica.
Pero el juego de intereses no termina ahí. El desarrollo de la jornada dirá hasta qué punto la izquierda abertzale ilegalizada es capaz de protagonizarla, haciendo gala de su facilidad para apropiarse de todo cuanto se mueve en Euskadi. Tanto los indicios de que Batasuna trata de extraer de la huelga general el oxígeno que los tribunales le han quitado, como la huida hacia delante de la Eusko Alkartasuna oficial o el apoyo brindado por Aralar reflejan que hay fuerzas interesadas en utilizar la llamada al paro general como palanca para remover el espacio nacionalista en perjuicio del PNV. Un PNV que, tras su inicial oposición a la huelga, ha optado por mantener una actitud discreta frente a la misma. En el micromundo que se sitúa entre la formación jeltzale y la izquierda abertzale, compuesto por Aralar y EA, se ha hecho palpable la inquietud de la primera ante los escarceos de la segunda para aproximarse a Batasuna.
La huelga general convocada no será una catástrofe. Aunque sus perjuicios los padecerán más los autónomos y las pequeñas empresas que las compañías medianas y grandes. En cualquier caso, cabe preguntarse sobre la Euskadi que amanecerá mañana. En lo sustancial, todo seguirá igual, incluida la crisis y sus efectos sociales. De hecho, resulta significativo que el repentino descubrimiento de que el País Vasco ya había entrado en recesión con Ibarretxe no haya suscitado conmoción alguna. Pero lo difícil en una huelga general es evaluar quién cosecha sus triunfos y quién acarrea con sus eventuales fracasos.
Los convocantes reflejan un diferencial respecto a los no convocantes por su especial arraigo en la función pública y en los sectores de empleo más estable, por lo que la huelga general puede servir para que los primeros pongan en aprietos a los segundos en el ámbito sindical. Además, la convocatoria de hoy puede reflejar la preeminencia laboral de una mayoría social distinta a la mayoría política que sustenta al Gobierno de Patxi López, limitando el margen de maniobra de éste tanto de cara al diálogo social como respecto a su gestión de la función pública dependiente de Lakua. La huelga general puede inducir, asimismo, una mayor 'labización' de ELA, en su empeño por acaparar el espacio sindical nacionalista a expensas de la única organización legal que le queda a la izquierda abertzale. Al tiempo que resulta dudoso que su desarrollo ofrezca a ésta la fuerza suficiente como para que mañana, viernes, se sienta oxigenada. Aunque posiblemente la huelga general convocada para hoy pase a la intrahistoria nacionalista porque certifique la práctica defunción de Eusko Alkartasuna.
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