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Política

ESCASOS INCIDENTES EN LAS PRIMERAS HORAS

Los sindicatos nacionalistas intentarán hoy paralizar Euskadi

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La huelga se convierte en el primer pulso a López
El secretario general de ELA, Adolfo Muñoz, y la líder de LAB, Ainhoa Etxaide, durante un acto de apoyo a la huelga general de hoy. / MAITE BARTOLOMÉ
Dos semanas después de tomar posesión de su cargo en la Casa de Juntas de Gernika, Patxi López y su Gobierno afrontan hoy su primer gran reto: la huelga general organizada por los sindicatos nacionalistas. Una protesta que sus convocantes sostienen que han organizado «contra la crisis, la destrucción de empleo y el chantaje de la patronal», y en respuesta a «las políticas de los gobiernos», que a su juicio «han favorecido al capital y desregulado los mercados». Por contra, para el Gabinete socialista, CC OO y UGT esconde una evidente motivación política y un pulso al nuevo Ejecutivo, el primero no abertzale de la historia.
La normalidad está siendo la tónica habitual de las primeras horas del paro. Sin embargo, también hay que reseñar algunos incidentes, como la detención de dos personas en Vitoria y San Sebastián. El primero de ellos está acusado de sellar con silicona la puerta de un instituto, mientras que al segundo se le imputan desórdenes públicos en las cocheras de los autobuses de la capital guipuzcoana. Además, en el barrio bilbaíno de Deusto, piquetes han procedido a la quema de neumáticos.
El de hoy es el primer paro masivo en Euskadi desde junio de 2002, cuando todas las centrales se movilizaron contra el 'decretazo' dictado por el Gobierno de José María Aznar. Entonces, la cita evidenció la sima abierta en el movimiento sindical. ELA y LAB convocaron el paro el día 19, un día antes que Comisiones Obreras y UGT. La doble jornada diluyó su éxito, con un seguimiento desigual, más importante en Guipúzcoa, limitado en Vizcaya y escaso en Álava.
Siete años después, el escenario es muy similar. El paro de hoy fue anunciado el pasado 31 de marzo por ELA -sindicato mayoritario en Euskadi-, LAB, ESK, Stee-Eilas (enseñanza), EHNE (sector primario) e Hiru (transportes). En las últimas semanas ha sumado más adhesiones. En el lado opuesto de la balanza, desde un principio contó con el rechazo de CC OO y UGT. A pesar de los esfuerzos de los convocantes en recalcar el carácter laboral de la huelga y en subrayar que también se hubiera llevado a cabo con un Ejecutivo presidido por Juan José Ibarretxe, su celebración cuando el nacionalismo acaba de ser relevado por el PSE en Ajuria Enea refuerza la imagen de una protesta con tintes políticos.
Al contrario de lo que suele ser habitual, el paro no está dirigido contra una propuesta concreta o contra la labor desarrollada por un determinado Gobierno. Por ejemplo, el de 2002 estuvo dirigida contra el 'decretazo' de Aznar que recortaba derechos laborales; el de 1994 fue organizado por los cambios introducidos en el mercado de trabajo por Felipe González; en 1992, por el recorte de las prestaciones por desempleo; en 1988, por el Plan de Empleo Juvenil; y en 1985, por la reforma de las pensiones. En esta ocasión es contra algo genérico como la «crisis».
Desde las filas socialistas se tiene el convencimiento de que esta cita esconde una estrategia diseñada por las centrales convocantes para impulsar un proceso de concentración de fuerzas abertzales. Un auténtico pulso de la mayoría sindical contra el Gobierno del PSE. Tras unos años en que las relaciones entre ELA y LAB se habían enfriado, la sintonía entre las dos centrales ha empezado a recuperarse. Este hecho ha coincidido con la renovación de sus respectivas direcciones. Los históricos José Elorrieta y Rafa Díez Usabiaga han sido relevados por Adolfo Muñoz y Ainhoa Etxaide. Tanto en el PSE como en el Gobierno vasco se sospecha que el verdadero objetivo sea intentar recuperar el espíritu de Lizarra en un momento en que la izquierda abertzale está debilitada al haber perdido casi toda su representación pública, limitada en estos momentos a los concejales y junteros de ANV. Arnaldo Otegi ya advirtió de que la protesta servirá para hacer visible la nueva apuesta de la izquierda abertzale para «liderar» una «mayoría» independentista.
La huelga llega, además, cuando la crisis se agudiza en Euskadi. El pasado lunes, el nuevo consejero de Economía, Carlos Aguirre, desveló que el País Vasco está oficialmente ya en recesión, una posibilidad que el Gobierno de Ibarretxe había descartado de forma reiterada. Las previsiones del Ejecutivo socialista indican que hasta finales del próximo año la actividad no repuntará.
Debacle industrial
Asimismo, el negativo comportamiento de la industria está generando una sucesión de expedientes de regulación de empleo, lo que puede provocar una paradójica situación: que en algunas empresas no haga falta la presencia de piquetes 'informativos' ni llamar al paro porque su producción estará detenida de manera forzosa. Desde el Gobierno se prevé que los organizadores intenten bloquear las grandes compañías, los transportes y los centros comerciales para transmitir la sensación de que la convocatoria -extendida a Navarra- ha sido un éxito.
Para completar el escenario, la huelga se produce la misma semana en que Patxi López ha puesto en marcha el diálogo social con Confebask. La pretensión del lehendakari es reunirse de manera separada con todos los agentes sociales para después realizar una convocatoria conjunta. Sin embargo, ELA ya le ha advertido de que no cuente con su presencia: acudirá al encuentro bilateral pero no tiene intención de participar en una mesa de diálogo al considerar este instrumento una «carcasa vacía».
Además de contar con el rechazo del Gobierno vasco, PSE, PP, patronales, CCOO y UGT, la convocatoria tampoco cuenta con el beneplácito de todo el nacionalismo, al ser rechazada por el PNV y generar fuertes contradicciones. La dirección de EA se mostró a favor de la huelga a pesar de que fue convocada cuando al frente de la consejería de Empleo estaba Joseba Azkarraga, hasta hace dos meses 'número dos' de la formación. Los críticos la han rechazado.
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