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El Parlamento vasco aprueba, con PP y UPD en contra,una moción que exige el cierre de la planta, argumento que reforzaría a Zapatero si opta por clausurarla

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A Euskadi no le gusta Garoña
Uno de los momentos en los que el lehendakari se ausentó del pleno. / IOSU ONANDIA
La cuentra atrás más importante y mediática para Zapatero en los últimos tiempos continúa imparable: le quedan sólo 22 días para anunciar su decisión sobre Garoña. Debe hacerlo antes del 5 de julio y le quema en las manos el informe del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) que apuesta por conceder a la central más vieja de España otros diez años de vida -llegaría a los 50-. En el caso de que, tal y como ha manifestado esta semana en el Congreso y el Senado, opte por «cumplir la promesa electoral» de clausurar las centrales nucleares «al término de su vida útil», tiene ya en su mano un argumento más que respaldaría echar el cerrojo.
Y es uno de peso: la única declaración de un Parlamento, y por ende de una comunidad autónoma, la de Euskadi, que ayer se posicionó a favor del cierre inmediato. Lo hizo por mayoría en el primer pleno ordinario con el socialista Patxi López como lehendakari, con los votos a favor de PNV, PSE, Aralar, EA y EB, que sumaron 59, frente a los 13 en contra del PP más uno del parlamentario de UPD. (Hay que recordar que no era la primera vez que la Cámara vasca votaba este mismo tema. Fue aprobado en 2006 gracias a los 40 votos sumados por PNV, EA, EB, EHAK y Aralar, con los 15 votos en contra del PP y las 18 abstenciones del PSE-EE).
Ayer, Garoña ocupaba el quinto punto del día, el que más expectación había generado. Y, a pesar de que las posiciones estaban claras, el debate fue intenso, especialmente por las diferencias que suscitó el hecho de que unos (PNV y EA) quisieran hablar sólo de Garoña, y que otros, sin embargo, entendieran que estaba abierto a una discusión más amplia sobre el modelo energético para el futuro.
Se debatió y votó una proposición no de ley presentada por EA -a la que luego se añadió una enmienda del PSE- que en su texto final refleja el acuerdo del Parlamento vasco para «reiterar su oposición a la prórroga de la licencia de explotación» de Garoña e «instar al Gobierno del Estado a que proceda a su cierre definitivo». La enmienda de los socialistas incluía una referencia expresa que refleja preocupación por el futuro de los trabajadores ligados a la central. Así, en el texto se pide al Gobierno vasco que «colabore en la elaboración de planes sociales y económicos que deben acompañar el cierre». La vicepresidenta primera del Ejecutivo central, María Teresa Fernández de la Vega, enviaba ayer mismo un mensaje de tranquilidad al personal de Garoña: «El Gobierno siempre velará por sus intereses, sea cual sea la decisión final que se adopte». Aprovechó para cerrar filas e incidir en la «posición unánime» del Gobierno en esta cuestión, «expresada ya por el presidente».
El PP vasco, por su parte, acudía al pleno con una enmienda a la totalidad (un cambio completo del texto inicial), en la que proponía instar al Ejecutivo central a «respetar y vincularse» al informe del CSN en favor de la prórroga, pero ni siquiera se votó, a la vista de que la anterior salió adelante sin problemas.
Antinucleares, también
Los populares, por boca de Carmelo Barrio, acusaban a quien quisiera darse por aludido de «demagogia y márketing político; el criterio lo aporta el CSN». «Su dictamen -prosiguió- nos sirve para manifestar con rigor científico nuestra postura clara a favor del mantenimiento de la central». «Mantenerla hasta el final de su vida útil es coherente con la promesa del PSOE, ya que su vida útil llega hasta 2019», razonó el representante popular.
Sí se votó, por contra, una enmienda de Aralar que provocó una curiosa situación. El grupo de Aintzane Ezenarro proponía tener en cuenta no sólo el modelo energético en su conjunto, «sino el modelo de desarrollo que queremos». Así añadió al texto final algo que recordaba la promesa del PSOE sobre la energía nuclear en general: «Cumplir el compromiso de sustituir la energía nuclear por energías más seguras, limpias y baratas, procediendo al cierre de las centrales al término de su vida útil», así como a desarrollar «una política de energías renovables». La moción se aprobó gracias a las 31 abstenciones sumadas por PNV, EA y UPD, ya que los 29 votos de PSE, Aralar, EA y EB fueron suficientes para tumbar los 13 del PP. El Parlamento vasco se declaraba también antinuclear.
La cosa se intuyó desde el minuto uno. El debate se había iniciado con el discurso del parlamentario de EA Jesús Mari Larrazabal, que lo primero que quiso dejar bien claro fue que el tema del día era «el cierre de Garoña, sin llevarlo a un ámbito más amplio». Se refería a la enmienda de Aralar que habría que votar más tarde y que contemplaba un posicionamiento más amplio y contundente contra de lo nuclear.
En lo mismo insistió después el representante del PNV, Norberto Aldaiturriaga, quien, basándose en que la planta burgalesa está «obsoleta» y en que representa «un riesgo real para los dos millones de personas que viven en un radio de 80 kilómetros» pidió la clausura definitiva. Pero sólo eso, porque, a su juicio, «el debate de hoy (por ayer) es sobre Garoña, no sobre 'nuclear sí o no'», cercenando cualquier debate sobre las demás enmiendas presentadas.
El final, en 2011
En su turno de réplica, Carmelo Barrio aprovechó para lanzar al jeltzale un dardo envenenado: «¿Dónde está la coherencia del PNV? Un día, en la borrokada antinuclear y al siguiente en el consejo de administración de la BBK, que es el segundo accionista de Iberdrola, uno de los dos dueños de Nuclenor (la central de Garoña)». Llegada la hora de votar la enmienda abiertamente antinuclear de Aralar apoyada por PSE y EB, PNV y EA decidieron inhibirse y, sin desearlo, su abstención acabó por dar el visto bueno a la enmienda más afilada del día, la que hace que la Cámara vasca haga suya la promesa electoral del PSOE.
Uno de los puntos de más interés del día era escuchar las palabras elegidas por los socialistas vascos para abordar un tema que ha provocado divergencias entre dirigentes nacionales del partido. Pero no hubo lugar para la duda. «Mantenemos nuestra postura inicial, que lo mejor sería que Garoña se cierre al finalizar su vida útil, en 2011», se explicó Natalia Rojo. Apostó además por poner en marcha en la zona «un nuevo modelo energético y productivo que pueda ser una oportunidad de negocio y de creación de empleo para empresas vascas punteras en energías renovables».
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