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Política

15.06.09 -

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Entre los allegados de las víctimas que ayer visitaron la Academia de Arkaute para participar en el homenaje se encontraba la hermana de Juan José Pacheco, miembro de la Policía vasca asesinado por ETA en 1988 mediante una bomba trampa colocada en la vía del tren. Fue el primer agente de la escala básica de la Ertzaintza que sufría un atentado mortal, aunque ya antes los terroristas habían acabado con la vida de altos cargos de la dirección policial.
«Mi hermano murió como un héroe», recordaba la mujer, tras haber depositado una rosa blanca junto al pebetero de homenaje. «El día del asesinato cuatro compañeros habían acudido a comprobar una amenaza de bomba y tenían que entrar en un túnel donde se creía que podría haber una trampa de los terroristas. Él entró el primero para que a sus compañeros no les sucediera nada. 'Si alguien tiene que morir, que sea sólo uno en vez de los cuatro', dijo ese día», rememoró.
La hermana de Pacheco se sentía especialmente reconfortada por la ceremonia y, sobre todo, por el discurso de Patxi López. «Los agentes deben ser recordados. Cada vida perdida tiene una historia especial que no puede caer en el olvido, como ha dicho el lehendakari», destacó. La mujer, que viajó desde Navarra para asistir a la ceremonia, reconoció que ésta había sido «muy emotiva». «Los ertzainas necesitan este tipo de homenajes», insistió.
A su juicio, cada relato sobre los fallecidos del cuerpo debería servir «como ejemplo a la juventud», con el fin de combatir los radicalismos. «Mi hermano era un idealista, una persona con una nobleza impresionante que siempre quería hacer el bien. Hoy, los jóvenes reciben mensajes en los que, a veces, se ensalza a los verdugos y no a las víctimas. Se premia más a los violentos, y eso no tendría que ser así», se lamentaba, tras dejar constancia del «dolor» que sufren las familias.
«Debemos aprender de la gente buena», resaltó la mujer, emocionada mientras los allegados de otros agentes se acercaban a rendir su particular tributo al pie del monumento. «No hay Dios, ni Patria ni Rey que merezcan que una personas sea asesinada», concluyó.
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