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POLÍTICA

La viuda, los dos hijos y la hermana del asesinado, rotos de dolor, tuvieron que ser trasladados a un hospital para ser tratados de un cuadro de ansiedad
20.06.09 -

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La familia de Eduardo Puelles vivió ayer su peor pesadilla. La viuda del inspector de policía, Paqui Hernández, fue consciente «desde el minuto uno», en palabras del alcalde de Arrigorriaga, Alberto Ruiz de Azua, de que la víctima de la explosión que acababa de escuchar era su marido. En zapatillas de casa y acompañada de uno de sus dos hijos -Rubén y Asier-, bajó las escaleras hasta la calle con la intención de acercarse al lugar del atentado. Apenas pudo avanzar unos metros. Las fuerzas le abandonaron y se desvaneció. Atendida en primera instancia por unos vecinos, la llevaron hasta un portal a la espera de la llegada de una ambulancia, para trasladarla al hospital de Basurto, donde le trataron de un cuadro de ansiedad, que los médicos consideraron «habitual en procesos de shock por duelo», y del que fue dada de alta a primera hora de la tarde.
Minutos después, se acercó al escenario del crimen la hermana del inspector que, presa de un ataque de nervios, tuvo que ser auxiliada por la concejal de Seguridad Ciudadana de Arrigorriaga, Marisol Ibarrola (PNV). Amiga íntima de la familia, describió que los allegados estaban tan conmocionados que no podían «ni sentir».
Durante su corta estancia hospitalaria, a Paqui sólo se le pudo ver un instante, cuando le trasladaron del pabellón de urgencias a una estancia contigua. Apareció en una silla de ruedas con la mirada perdida, tratando de entender lo incomprensible y rodeada de allegados, entre ellos sus hijos, que también fueron atendidos por los servicios médicos para paliar su estado de nerviosismo. Del mismo modo, la madre del inspector requirió atención facultativa, que le fue prestada en el domicilio de la víctima, en el que vive junto a la familia del policía.
En estas circunstancias, Paqui, Rubén y Asier recibieron las primeras muestras de condolencia en el propio centro sanitario. Los hijos, que entraban y salían por una puerta restringida que les evitaba pasar por la recepción de urgencias atestada de pacientes, estuvieron en todo momento acompañados de amigos, lo que les ayudó a sobrellevar el trance y mantener la serenidad.
Además de los políticos y mandos policiales que se acercaron, acudieron otras víctimas a las que ETA ya ha arrebatado algún familiar y que quisieron abrazar a los allegados de Eduardo Puelles. Entre ellos, asistieron Miren y Alejandro, sobrinos de Inaxio Uria, el empresario azpeitiarra al que la banda armada asesinó el pasado diciembre.
También mostraron su solidaridad la viuda y la hija mayor del ex concejal del PSE en Mondragón Isaías Carrasco, tiroteado en marzo de 2008 por pistoleros de ETA. Poco más tarde, se desplazó Mari Mar Blanco, parlamentaria y hermana de Miguel Ángel, edil del PP de Ermua al que la organización terrorista secuestró y descerrajó dos tiros en la nuca. «Le he dicho a la viuda que tiene dos joyas (sus hijos) para luchar», expresó.
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