Unidad y calma ante el desgarro que cada nuevo atentado de ETA provoca en la inmensa mayoría de la sociedad vasca. Ése fue el clima político en el que transcurrió la jornada de ayer, en la que Patxi López tuvo que enfrentar el primer asesinato de la banda terrorista desde que él es lehendakari. El abatimiento era palpable en las fuerzas democráticas vascas, al constatar que los etarras, que en su última entrevista anunciaban que fijarían una «estrategia político-armada eficaz antes del verano», habían hecho patente, exactamente dos días antes del solsticio de San Juan, las conclusiones de ese supuesto debate interno. Una bomba lapa para abrasar a un trabajador y destrozar a una familia. «No están para cantos de sirena, los buenos resultados de Aralar les han hecho mucho daño. Echan por tierra, como siempre, las pretensiones de Otegi. Una vez más ganan los de las pistolas», analizaba ayer un dirigente popular. «Empiezan, tal y como avisaron», se lamentaba un socialista.
Ante esa realidad y el hartazgo cada vez mayor de una sociedad cansada del sangrante anacronismo de ETA, la jornada de ayer transcurrió en un clima de máxima unidad democrática y firmeza contra el terror, lejos de los tristes espectáculos que en fechas no muy lejanas ha provocado, como efecto colateral, el zarpazo de la banda. Como muestra basta recordar las escenas desagradables y la tensión que empañaron el duelo tras el asesinato de Isaías Carrasco y que enfrentaron a socialistas y populares. Ayer, en cambio, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy viajaron juntos en avión hasta la capilla ardiente de Eduardo Puelles, la segunda vez tras compartir vuelo también cuando la banda asesinó al guardia civil Juan Manuel Piñuel en Legutiano. Los populares sólo tuvieron palabras de agradecimiento hacia el Gobierno vasco, por su reacción «inmediata para buscar la unidad y el consenso de todos» y por mantenerles permanentemente informados tanto del atentado en las primeras horas de confusión -el propio consejero de Interior, Rodolfo Ares, lo hizo ante la Junta de Portavoces del Parlamento vasco- como de la organización de los actos de repulsa para hoy. El propio lehendakari llamó personalmente a Antonio Basagoiti para tenerle al corriente. Aunque recalcaron que «el cambio resulta evidente», tampoco pusieron ni un 'pero' a la «contundente» reacción de los jeltzales.
El propio PNV destacó también el «clima de normalidad y acuerdo» con que transcurrió el día y la rápida y firme reacción de su alcalde en Arrigorriaga, Alberto Ruiz de Azua, que impulsó una declaración de condena aprobada con el unánime apoyo de toda la Corporación y prometió a la familia del agente asesinado que «nunca estarán solos». Los peneuvistas admiten en privado que aún se sienten heridos por el cuestionamiento que creen que se hizo de su compromiso con las víctimas cuando aún eran partido de gobierno y sugieren que a Ibarretxe se le hubiera medido con otro rasero si hubiera «tardado tanto» en llegar al lugar del atentado. Pero están convencidos, al mismo tiempo, de que el liderazgo de la repulsa institucional y ciudadana contra la banda corresponde al Gobierno y «en ningún caso vamos a discutir los ritos ni a cuestionar los protocolos».
Fotografía impecable
Sea como sea, la fotografía que ofrecieron ayer los partidos y los responsables institucionales resultó impecable. Ayuntamientos como el de Sestao, gobernado por el PSE, o el de Leioa, con el PNV al frente, suspendieron los actos del inicio de sus fiestas patronales. Y la condena del Consistorio de Arrigorriaga no fue la única expresión de unanimidad, sin discusiones, frente a ETA. El Parlamento vasco, por primera vez al no contar con representación de la izquierda radical, pudo aprobar sin silencios cómplices ni ausencias una declaración institucional para repudiar un asesinato de ETA y reproducir así la firmeza sin fisuras que mostró para rechazar las amenazas con las que ETA recibió al Ejecutivo socialista. Sólo Nafarroa Bai se desmarcó en la Cámara foral navarra: asumió el texto aprobado en Vitoria y se descolgó del impulsado por UPN al juzgarlo partidista.
La misma unidad exhibieron las formaciones con representación en el Congreso de los Diputados, acompañadas por representantes sindicales y de la patronal. El PNV no sólo insistió en estar presente -la reunión se retrasó para esperar a un Josu Erkoreka que se afanó, primero, en buscar infructuosamente un billete de avión y en sortear un atasco por carretera, después- sino que se adhirió sin problemas a un documento que reconoce la «labor abnegada» de las fuerzas de seguridad y ensalza el combate contra los terroristas a través de los instrumentos del Estado de Derecho «hasta su derrota definitiva».