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Política

ESTRATEGIAS ELECTORALES

Las direcciones de PSE, PP y PNV son conscientes de que los comicios pueden condicionar la trayectoria del Gobierno de López

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Los partidos arrancarán en otoño la carrera hacia las elecciones municipales de 2011
Iñigo Urkullu, Patxi López y Antonio Basagoiti saben que tienen dos años para preparar las diferentes estrategias electorales de sus partidos / EFE
Apenas han transcurrido tres semanas desde las últimas elecciones -las pasadas europeas- y los políticos ya miran a las siguientes. Y no están próximas. Faltan casi dos años. Exactamente, 23 meses. Serán las municipales y forales de mayo de 2011. Todavía lejanas en el horizonte, las diferentes formaciones las otean convencidas de que muchas de las claves de la política vasca para los próximos años pueden quedar fijadas o demolidas en función del resultado que salga de las urnas.
La estabilidad del Gobierno vasco y el futuro de la alianza PSE-PP, la estrategia del PNV para recuperar el poder o la obligada reflexión que deben acometer la sucesión de minúsculos partidos que orbitan por la geografía vasca, algunos en peligro de extinción, dependerá de estas elecciones. Y será en otoño cuando los 'cuarteles generales' comenzarán a trabajar para no salir de ellas trastabillados.
«Desde hace casi veinte años, las municipales han sido una segunda vuelta de las autonómicas», sostiene Francisco Llera, director del Euskobarómetro. No parece que en esta ocasión sea diferente. Las europeas del 7 de junio sólo sirvieron para reforzar las tendencias ya expresadas el 1 de marzo: triunfo del PNV pero con un paulatino desgaste, consolidación del PSE, mantenimiento popular y debacle de los minoritarios. Todo ello unido a la constatación de que la izquierda abertzale afín a Batasuna posee un suelo más que notable. Una vez más, con una marca desconocida y sin un cabeza de lista con tirón ha logrado cerca de 117.000 votos. Por comparar, más del doble de la suma de Aralar, EA y EB.
Superados estos comicios, se abre un espacio de dos años sin que la ciudadanía vasca tenga que acudir a las urnas, salvo que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero entre en caída libre y haya generales antes de 2012. «Y es en estos intervalos cuando se suelen pergeñar los grandes movimientos de fondo», afirma un miembro del PSE, quien recuerda lo que sucedió en el anterior paréntesis, entre las autonómicas de 2005 y las locales de 2007: el fallido proceso de paz. «Aunque al final sirvió para muy poco, los pasos que se dieron hubiesen sido imposibles con un proceso electoral de por medio», resalta.
Descartada casi por complejo la posibilidad de una negociaciones similar con ETA, los próximos 23 meses son para los diferentes partidos un escenario con múltiples incógnitas abiertas en el terreno político. «Estamos ante un 'sudoku' muy complicado», considera Llera.
Los socialistas afrontan los dos próximos años con una enorme responsabilidad sobre sus espaldas. Al frente del Ejecutivo vasco, son conscientes de que una mala gestión de aquí a 2011 puede lastrar su futuro. Un mal resultado en las locales podría ser letal para un partido de clara vocación municipalista, que gobierna en ocho de los diez ayuntamientos más poblados de Euskadi. Y, como fichas de dominó, un fracaso haría tambalear los cimientos del Gabinete de Patxi López. «Es evidente que para nosotros van a ser un test de una importancia extrema», admite uno de sus dirigentes.
Rostros jóvenes
El PSE iniciará los primeros pasos de esa carrera los próximos 3 y 4 de octubre, cuando celebre su VI Congreso. Una cita en la que se renovará parte de la dirección y en la que ganarán fuerza nombres como el de José Antonio Pastor. En realidad, la formación liderada por Patxi López lleva preparando las locales de 2011 desde hace un par de años, cuando decidió reemplazar a algunos veteranos alcaldes que se habían presentado en 2007 por jóvenes valores del partido, como Mikel Torres, que entró por Mikel Cabieces -ahora delegado del Gobierno en el País Vasco- en Portugalete; Mikel Serrano por Antón Arbulu en Zumarraga; o Miguel de los Toyos por Iñaki Arriola en Eibar. No se descartan operaciones similares en los próximos meses.
«Se la juegan en su capacidad de hacer una buena gestión que la ciudadanía sepa diferenciar de la del PNV», sostiene el sociólogo Ander Gurrutxaga, quien dibuja un panorama complicado para los socialistas. A su juicio, el PSE tiene que «penetrar más en la sociedad civil» y saber rentabilizar el pacto «antinatura» suscrito con el PP. Para Gurrutxaga, pretender que esta alianza sobreviva a la guerra entre socialistas y populares en el Congreso roza la utopía. «No hay pactos de hierro y crear cortafuegos que los aíslen de Madrid es muy complicado».
Además, considera que la aceptación o no del Gobierno de López va a depender en gran medida de factores ajenos a él. Por ejemplo, de la crisis económica. «¿Qué va a pasar cuando a una parte de la población se le termine el subsidio de paro?», se pregunta un Gurrutxaga que ve imprescindible que el PSE logre una «interlocución fluida» con el nacionalismo. «Queda muy bien criticar a los sindicatos abertzales por no querer sumarse al diálogo social, pero hay que hacer algo más; te guste o no son los mayoritarios».
En una línea muy similar se expresa Javier Elzo. Sociólogo y catedrático emérito de la Universidad de Deusto, cree que la evolución de la crisis económica será «fundamental» para evaluar el futuro del Gobierno de López y su pacto con el PP, un acuerdo sobre el que es rotundo: «Es tan atípico que sólo entra en la cabeza de un país tan desquiciado como Euskadi». «Ha mandado la transversalidad a hacer puñetas», sostiene. Defensor a ultranza de las ententes entre el PSE y el PNV, Elzo no descarta a medio plazo -tras las municipales- alianzas entre los jeltzales y el PP, a los que manda un recado: «Necesitan un líder de fuste, con proyección».
A pesar de estos reproches, en las filas populares se respira tranquilidad. A la espera de lo que suceda con la Diputación de Álava, la formación de Antonio Basagoiti considera que las elecciones europeas han demostrado que tienen un buen suelo sobre el que crecer y que si se gestiona bien el acuerdo con el PSE, ambos pueden salir beneficiados. Su estrategia pasa por trasladar mensajes de «normalidad y sensatez» para situarse en una posición de centralidad en la política vasca.
Más crítico es Ander Gurrutxaga. «Sólo han hecho una gran campaña de publicidad y su actual posición es producto de la incapacidad de entenderse del PSE y del PNV. Pero estas dos formaciones se tendrán que encontrar. No es lógico que las dos grandes corrientes políticas naveguen por mares distintos», apunta.
Paso a la oposición
Un acercamiento que puede depender de la actitud del PNV. Ante la formación jeltzale se abre un escenario complicado, lejos del Ejecutivo por primera vez en tres décadas. Y es algo que tiene que «interiorizar», dice Gurrutxaga. «Es un partido diseñado para gobernar», advierte este sociólogo, para quien la formación de Iñigo Urkullu debe aprender a adecuar su mensaje a su actual estatus. «Tienen que saber que el poder se gana desde la oposición y pillar el punto a su discurso, ser agresivo pero sin pasarse». Los diferentes tonos empleados por los tres diputados generales José Luis Bilbao, Markel Olano y Xabier Agirre, o por el propio Urkullu indican que siguen inmersos en ese proceso. No obstante, en el partido reconocen la importancia de ponerse a trabajar para preparar los «trascendentales» comicios de 2011. El propio presidente del EBB, Iñigo Urkullu, cree que esas elecciones pueden suponer la fractura del pacto de estabilidad entre socialistas y populares. «Ese año -ha recalcado el líder jeltzale- es crucial porque hay elecciones municipales, forales y al Parlamento de Navarra y no descarto que pudiera también haber aquí autonómicas».
En todo caso, para los responsables de Sabin Etxea las europeas fueron un toque de atención. El PNV fue la primera fuerza, pero con una ventaja de escasos 7.000 votos del PSE. Y en algunos ámbitos del partido se empieza a admitir que quizá en campaña algo se hizo mal, subrayando que, a pesar de todo, los resultados fueron «aceptables».
La reflexión en profundidad no comenzará hasta otoño, cuando, según los analistas, tenga que decidir si inclina la balanza hacia la moderación o intenta captar votos en el mundo de la izquierda abertzale. Según un dirigente del PP, si opta por esta segunda vía, debe tener cuidado no vaya a ser que «los cuervos le saquen los ojos». En todo caso, hay una coincidencia general en que el PNV no correrá demasiado. Se da por hecho que la designación del futuro candidato a lehendakari no se producirá hasta después de esas municipales.
Unas elecciones, tras las cuales, las alianzas políticas pueden abrirse en todos los frentes. Lo que Llera denomina la «geometría variable». La alianza PSE y PP podría extenderse a otros ámbitos, pero no daría para gobernar todas las instituciones vascas. Y eso daría pie a ententes, por ejemplo, entre nacionalistas y socialistas. «¿Y por qué no entre el PNV y el PP? No lo descarto en absoluto», razona Elzo. Para Gurrutxaga, más allá de los pactos ocasionales, lo trascendente es lograr «mínimos comunes» para hacer que Euskadi avance.
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