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DE CUANDO EN CUANDO

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V oy a hablarles hoy de un tema seudo-futbolístico, pero relacionado con la sicología, el teatro y la coreografía. Y voy a ofrecerles unas consideraciones sobre la mentalidad femenina y masculina aplicada al fútbol, pero visto desde el terreno de juego. Toda la vida los goles se han celebrado como es cosa natural. Marcar un gol es siempre motivo de satisfacción y resulta lógico que se celebre con signos externos de jolgorio.
Y es en esos momentos de euforia donde yo he observado una diferencia entre los jugadores masculinos y los femeninos. Parece lógico pensar que las chicas sean más expresivas por naturaleza que los chicos y que se demuestre esa diferencia a la hora de celebrar un gol. Pues bien, es cierto que se demuestra, pero al revés de lo que yo pensaba.
Por curiosidad, he visto parte de algunos partidos femeninos televisados. Se trataba de un campeonato internacional con participación del equipo español y pude darme cuenta de que las muestras de regocijo cuando ellas marcan un gol se reducen a levantar los brazos y recibir en la espalda las palmadas de sus compañeras.
En cambio, cuando se trata de equipos masculinos, la cosa cambia y la representación del jolgorio adquiere insospechados caracteres de teatralidad. El más utilizado, y yo diría que el más discreto, es salir corriendo por el campo como un loco, tapándose la cabeza con la camiseta, o quitándosela y agitándola en el aire a modo de estandarte, perseguido por sus compañeros, que al final le alcanzan, le tiran al suelo y forman sobre él una especie de torre humana.
Y aún he encontrado mayor diferencia cuando se trata de equipos africanos o jugadores de color. Aquí la expresividad aumenta hasta extremos que entran a menudo en el terreno de la astracanada. Les he visto bailando la conga a todos y moviendo rítmicamente el trasero, o caminando a gatas uno detrás de otro como orugas procesionarias. Incluso he contemplado el hilarante espectáculo del jugador que se va hasta el banderín del corner e imita allí la postura clásica de un perro meando. La palma de la teatralidad, amigos míos, se la llevan los jugadores de color. Detrás de ellos me clasifican los de raza blanca y en tercer y discreto lugar las chicas.
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