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Vinokourov, a punto de cumplir su sanción, anuncia su regreso al equipo de Armstrong y Contador
03.07.09 -

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El Astana, en el hotel de los líos
Vinokourov, en el Tour de 2007. / EL CORREO
La imagen de Montecarlo coincide con la curva que sube hacia el Casino. Templo de las tragaperras y la ruleta. Al casino monegasco lo llaman la 'catedral del infierno'. Una hoguera para el dinero. Pero aquí viven de eso: de la 'pasta' ajena. De hecho, los ingresos del casino permitieron hace ya mucho la abolición de los impuestos. En Mónaco pagan los de fuera. Por eso, pese a tener sólo dos kilómetros cuadrados de suelo, el Principado está lleno de inquilinos. Vienen a la Costa Azul para evitar al fisco de sus países de origen. Uno de esos vecinos financieros es Alexandre Vinokourov. Kazajo, ganador de la Vuelta y rechazado por el Tour tras dar positivo en 2007. El próximo día 24 termina su sanción y ayer lo anunció: «Voy a reiniciar mi carrera y no me veo corriendo en otro equipo que no sea el Astana». La escuadra kazaja, y también la de Contador y Armstrong. Lío a la vista.
En Mónaco está todo tan apretado que es fácil coincidir. Para hacer público su retorno, Vinokourov reservó hace semanas un salón del Hotel Fairmont, situado sobre el túnel del circuito de Fórmula 1. Sostenido por el mar. Un monstruo de cemento inaugurado por la princesa Grace de Mónaco a mediados de los setenta. Un clásico. Vinokourov no sabía que el Fairmont iba a ser también el hotel del Astana durante la salida del Tour. Así que ayer todos estuvieron juntos. Pero sin cruzarse. El ciclista kazajo se presentó con una camiseta amarilla decorada con un lema: 'Vino ha vuelto'. A su lado, como apoyo, asentía el vicepresidente de la Federación kazaja. De ahí, del Gobierno asiático, han salido el aval y el dinero que financia al equipo. Es la baza que juega Vinokourov: «Este equipo se creó para mí en 2006. Es mi bebé».
Quiere recuperarlo. Pero es un corredor con estigma. Al Tour le costaría aceptarlo en su lista de inscritos. Ya ha rechazado a Basso pese a que ha cumplico su pena. El Tour no perdona. La vuelta de Vinokourov sería una bomba. Bruyneel, mánager belga del Astana, lo sabe. Y, claro, se resiste. «En diciembre, Bruyneel estaba de acuerdo con mi vuelta. Ahora no dice nada. Si no me quiere en el equipo, el que se tiene que ir es él», atacó ayer Vinokourov. Tono marcial. Inmediatamente anunció su programa de carreras: la Vuelta a Polonia, la Vuelta a España y el Mundial de Mendrissio. «Me doy dos años para restaurar mi imagen». Tiene 35. «Quiero demostrar que puedo ganar sin dopaje».
¿Quién dijo crisis?
En Mónaco todo parece posible. Cinco minutos a la entrada del Fairmont dan para ver un desfile de Rolls Royce, Lamborghini y Bentley. Cuero y cromados al sol. ¿Quién dijo crisis? Dos de cada tres cuentas bancarias abiertas aquí tienen titulares extranjeros. El Principado es un estado en permanente gala. Mónaco S. A. Una fiesta. Pero ayer el hotel Fairmont era el hotel de los líos. Si Vinokourov vuelve al Astana -y eso dice-, Bruyneel y Armstrong tratarían de acelerar la creación de un nuevo equipo. Es el proyecto que anhela el siete veces ganador del Tour. ¿Y Contador? El mejor ciclista del mundo quedaría atrapado entre las dos versiones del Astana y con la opción de buscar su propio camino. Lío en Mónaco.
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