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03.07.09 -

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C omo cualquier ciudadano de orden, yo estoy dispuesto a que me roben de vez en cuando. A que lo haga la Administración y la gente del hampa, siempre que unos y otros se manejen con sensatez y protocolo. Quiero decir que acepto pagar impuestos y también vérmelas con algún malcarado navajero cuando cruzo calles oscuras de madrugada. También acepto abonar una multa cada cierto tiempo y que, en algún episodio de aglomeración ciudadana, un carterista me levante el billetero con la silenciosa habilidad que reinaba en aquella vieja peli de Bresson. A veces te roban: es el precio de llevar una vida urbana y contemporánea.
Pero una cosa es que te roben en el centro de la ciudad, ese vórtice de tensión, y otra que lo hagan en la playa. En la playa a uno deberían dejarle en paz. Porque a la playa uno va precisamente para olvidarse de la vida urbana y contemporánea, para relajarse tirado en la toalla como una marmota feliz que lleva tiempo sin ir al gimnasio.
Pues no. Los robos están aumentando en los arenales vizcaínos. En Plentzia, en Laga, en Ereaga. Uno va a chapotear un rato y, cuando regresa a la toalla, descubre que le han levantado el monedero, las gafas de sol, el mp3, quizá incluso el 'best seller' que llevaba para matar el rato. En otras ocasiones, los ladrones se organizan para controlar a los incautos bañistas desde las barandillas, mientras sus compinches abren sus coches en el aparcamiento.
Parece que los ladrones son en su mayoría jóvenes magrebíes expertos en el robo a pequeña escala. Probablemente son los mismos que actúan en Bilbao y sobre los que ya han advertido el concejal de Seguridad Ciudadana y el decano de los jueces. Estos muchachos son de una gran versatilidad delictiva y roban igual de bien sobre asfalto y sobre arena. Incluso a Rafa Nadal se le da peor cambiar de superficie. Algunos ayuntamientos han reforzado la vigilancia playera por ver si la gente puede broncearse en paz. A los consistorios sin presupuesto les recomendamos una alternativa barata: cambiar el código de banderas. Por ejemplo, bandera verde: baño libre; bandera roja: baño prohibido; bandera pirata: mangantes en la costa.
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