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05.07.09 -

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Desde que mi hija adolescente ha superado por ella misma, en Inglaterra, la gripe porcina y dejado en la cuneta al chino enamorado que la atendió, creo más en que uno debe desentenderse de lo imbatible que sucede y ocuparse del grado en que le afecta. Honduras, después de mandar a hacer puñetas al secretario general de la OEA espera tranquila que se le abra el cielo y las nubes arrojen arrabio: miseria sobre miseria. Los ricos que depusieron a Zelaya sobrevivirán y los pobres que lo sostienen darán con sus huesos en la cárcel o en la tumba. El régimen inconstitucional del payaso de Micheletti se muestra partidario de 'sostenella y no enmendalla'. Y este decaído y vulnerable país lleva camino de tomar por la derecha el relevo de Cuba en su aislamiento y conducir a su gente a la edad de piedra. El Gobierno ilegítimo no tiene la menor intención de revertir el golpe. Lo que era de esperar, si tenemos en cuenta que el jefe del Ejército es el mismo a quien Zelaya depuso por negarse a distribuir las urnas de su referéndum. No hay fisuras en el entramado civil y militar del golpe.
Otra cosa es cuánto puede durar un régimen contra el mundo. Antes, las crisis institucionales a derecha o izquierda se acomodaban al gusto de las potencia y los cabrones sobrevivían a su sombra. Se enriquecían y poblaban aquellas tierras. La expulsión de Honduras de la OEA no va más allá del gesto elegante y políticamente correcto. Latinoamérica corta amarras y deja a ese pobre y pequeño país a la deriva. Cuba ha vivido así durante años. Racionando la leche, el pan, las medicinas, el agua, el combustible y los puros. Los ciudadanos ante una realidad tozuda decidieron preocupase sólo de en qué medida les afecta. Es inaudita la capacidad de resistencia humana. En poco tiempo surgirá una marea de burócratas que se alimentará a los pechos de la dictadura. Los déspotas cortarán las cabezas de la contestación y los deseos de libertad serán sustituidos por los, aún más imperiosos, de supervivencia. El grito de libertad será sofocado por el hambre.
El apartheid fue incapaz de sobrevivir al aislamiento, el pueblo reventó un día y los negros repoblaron la tierra que les pertenecía. Pero Sudáfrica era un mundo irrenunciable, lleno de paraísos, materias primas y minerales preciosos. Honduras es pobre e irrelevante para animar la ambición. Demasiado insignificante para mantener vivo el interés. Y los déspotas saben que si calla el cantor, muere la vida.
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