No sé por qué el destino selecciona siempre a gente joven como héroes. La muchacha muerta en Teherán de un certero disparo en el pecho tenía 26 años. El joven asesinado ayer en Tegucigalpa de otro preciso disparo en la nuca, 19. Los chicos son la generación de choque de la libertad. Suelen caer porque pertenecen a cierta avanzadilla del romanticismo y aún creen que merece la pena perder la vida por los ideales. Pero nuestra memoria es fugaz y la suya pasa a ser clandestina con la misma celeridad que la muerte los impulsa a la fama.
A Isis se le escaparon sus ideales por el boquete tremendo que hizo en su cráneo la bala. Son los verdaderos resistentes. Dan el pecho por la libertad a cambio de una paliza o de su vida. Mucho o poco, según se mire. Piden lo imposible: que los soldados de las tiranías depongan las armas o que se respete el orden constitucional. Están en la recámara de las sociedades libres y los vemos como a ociosos materialistas. Hay que joderse. En el caso, su circunstancia es parecida y diametralmente opuesta: luchan en Honduras para que se reponga a un presidente díscolo secuestrado por el Ejército, y en Teherán, pretenden que dimita el alma de un pucherazo. Lo imposible.
A Zelaya le impidieron aterrizar las autoridades militares sobrevenidas, que ocuparon el aeródromo con vehículos blindados. Voces anónimas denuncian que disparan al bulto en las manifestaciones o durante el toque de queda: un joven está ingresado muy grave en Tegucigalpa con un tiro en el cuello. También en Irán hay manifestantes que han recibido una bala en la columna vertebral y quedado parapléjicos y otros a los que se les deja morir. ¡Qué casualidad!, cuando la bronca adelgaza y la mitad de su generación es detenida o está aterrorizada. Sólo entonces puede decirse que ha prosperado el golpe.
Estoy convencido de que Pinochet echaba a las embarazadas desde un avión al océano para evitar que los nonatos fuesen un día jóvenes contestatarios. En las dictaduras hay una época de terror, y sólo los tiranos que la superan asientan su caudillaje e implantan su régimen indecente y bucanero. Ese momento llega cuando a las familias de estos chicos les entra el miedo y les retiran de la calle. Claro que el francotirador identificó a Isis como al héroe-niño que se enfrentaba al Ejército desarmado. Pero su objetivo era la ejemplaridad más que la víctima. Para los brutos, doblegar a los jóvenes siempre es el principio de la victoria.