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Fallece en Gabón el vizcaíno enfermo de cáncer ante la impotencia de la familia por no haber logrado el dinero necesario para su repatriación
10.07.09 -

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«No hemos llegado a tiempo»
El fallecido con su hijo Jorge./ EL CORREO
No pudo ser. Germán Bustillo falleció ayer a las dos de la madrugada hora española en la clínica privada de Gabón donde estaba ingresado. El cáncer se lo llevó sin que lograra hacer realidad el sueño de pasar los últimos instantes de vida en su Vizcaya natal. Su familia lo intentó todo para lograr la repatriación, «pero no hemos llegado a tiempo». No consiguieron reunir el dinero suficiente para trasladarle hasta España en un avión bajo la supervisión de un médico. Sólo uno de sus ocho hijos y su segunda mujer, de origen gabonés, pudieron desplazarse al país africano con la esperanza de encontrar desde allí una solución.
«Ni siquiera he conseguido hablar con mi padre», se lamentaba ayer Jorge. Había llegado junto a su cama apenas media hora antes del fatídico desenlace, «y ya no hemos podido decirnos nada, era incapaz de articular palabra». En su corazón abatido por el dolor sólo quedaba un resquicio para la alegría. Pensar que Germán había conseguido retrasar la hora de su marcha hasta verse arropado por el cariño de sus familiares.
En Portugalete, su hija Victoria era un mar de lágrimas. La rabia contenida por no haber recibido la ayuda de las instituciones para traer a su padre a casa se mezclaba con el inmenso agradecimiento hacia todas las personas que se han solidarizado con su caso hasta el punto de donarles 14.000 euros en su intento agónico de juntar los más de 30.000 que costaba trasladar a Germán Bustillo en un avión con un médico a su cuidado. Al menos le quedaba la conciencia tranquila de haberlo dado todo en esta semana frenética de desesperación. «Lo hemos intentado. No podría haberme quedado con la pena de no haber hecho todo lo posible por cumplir su última voluntad», se repetía.
Deudas con la clínica
En realidad, sus esfuerzos todavía no han finalizado. Aún no podrán velar a su padre como ellos quieren. La familia afronta ahora otra odisea. Conseguir que al menos sus restos mortales puedan descansar en Vizcaya después de dos décadas de trabajo en Gabón como mecánico forestal. Las dificultades económicas que hasta ayer les habían impedido traer a su padre se vuelven a revelar una vez más como su principal problema.
«Habíamos pensado en incinerar el cadáver y traer las cenizas, pero allí no hay nada de eso», se lamentaba Victoria. Su hermano Jorge intenta por todos los medios buscar una solución, «pero se nos está acumulando todo, porque los costes son muy elevados y, encima, nos acaban de comunicar que todavía tenemos que pagar más de 3.000 euros a la clínica».
La familia ha solicitado el asesoramiento del Cónsul de España en el país africano para que les ayude en la tramitación de los papeles necesarios. Del dinero ya se preocuparán después. Lo primero es resolver la complicada burocracia que exige repatriar el cadáver porque lo que no van a permitir es que finalmente su progenitor sea enterrado en Gabón y no poder visitar su tumba. «Aunque tengamos que traerlo en patera, mi padre descansará aquí, en su tierra», se conjuraba Victoria.
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