Thomas Krens es uno de los nombres más influyentes del mundo del arte contemporáneo. Durante dos décadas dirigió la Fundación Guggenheim. Ahora, anda metido de lleno en el faraónico proyecto de un Guggenheim en Abu Dhabi, que ayer presentó en el Prado dentro de un curso de verano organizado por la Fundación Amigos del Museo del Prado y la Universidad Complutense, que dirige Calvo Serraller.
Cuando se le preguntó sobre la situación actual de los museos, fue pesimista y sólo salvó de la quema al Guggenheim de Bilbao. Sobre su actual estado no se explayó mucho, pero dejó caer que el museo podría ya, si así se decidiera, no llevar el nombre que lo ha hecho famoso. «Vendimos la franquicia. Si quisiera, el museo de Bilbao podría ya ser independiente de la marca Guggenheim».
Para Krens, la situación actual, cree, es insostenible: «Los museos de EE.UU están en crisis y el 'boom' de los museos en los próximos años pasa por China, India, Rusia...» Lo dice un hombre cuyo poder logró ganar un pulso al principal mecenas del museo en Nueva York. Es el padre de un nuevo modelo con franquicias por el mundo, que le ha generado no pocas críticas. Economista antes que pope del arte, va por la vida subido en una moto, con compañeros de viaje como Jeremy Irons o Dennis Hopper. Krens tiene fama de megalómano. ¿Por qué carga con esa leyenda o hay algo de cierto en ella? «Depende de a quién le pregunte sobre el tema. Si se juntan todos los Guggenheim que hay en el mundo, tendrán el mismo espacio que el Prado. Cuando ves este museo y su ampliación, ¿quién es megalómano?»
Historia de fracasos
Insiste Krens en que la cultura no es propiedad de Occidente. «El hecho de que Occidente no mire a Oriente es un residuo de colonialismo e imperialismo. Si el mejor arte contemporáneo sale de China o India, cualquier institución inteligente querría estar ahí. Pensar que el arte contemporáneo del siglo XXI es dominio exclusivo del Atlántico Norte es una falacia insostenible».
La expansión Guggenheim ha tenido frenos. Fracasó una franquicia en Río de Janeiro, tampoco han cuajado en México, Shanghai o Hong Kong. ¿A qué se debe? «La respuesta más corta, a la política local. Muchos de esos proyectos a gran escala son financiados con dinero público y provocan un debate intenso. En Bilbao hubo al principio muy poco apoyo público para el proyecto. El 80% de la gente estaba en contra. Sólo uno de cada cuatro proyectos no tiene éxito. Si fuera futbolista, sería una media fantástica», concluyó con sorna. Pero en Venecia le metió un gol, por toda la escuadra, François Pinault, que se quedó con la Punta della Dogana. ¿Ha visto el proyecto? ¿Le ha gustado? «Lo hubiéramos hecho mejor nosotros», zanjó.