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Quienes protestan contra el ruido cada vez hacen más ruido. Es una curiosa paradoja y también una de las novedades que los últimos años han aportado a nuestros curiosos ecosistemas municipales. Los vecinos que viven cerca de grandes carreteras, de aeropuertos o de plazas y calles propensas a la jarana nocturna se organizan y protestan ante las autoridades reivindicando su derecho a vivir con tranquilidad. El resultado es que todos hemos llegado a familiarizarnos con algunos conceptos novedosos: mediciones acústicas, plataformas anti ruido, ordenanzas anti botellón.
Es bueno que poco a poco vayamos aminorando nuestro tradicional tumulto cotidiano. Pertenecemos a una tradición propensa al estruendo e incluso nuestro tono de voz suele ser apocalíptico. El combate por la sensatez sonora acaba de comenzar y merece la pena. Es un error entenderlo como un afán sosainas y luterano. En realidad, se trata de un paso más en el camino de la inteligencia y la civilización.
El problema es que el combate es complejo y pródigo en escaramuzas de difícil solución. Ahora nos enfrentamos a una en el corredor del Cadagua, que es una infraestructura de gran utilidad que ha acabado con el secular arrinconamiento de Las Encartaciones. Sin embargo, algunos vecinos se han quejado del ruido y ahora la Audiencia de Vizcaya reabre un caso que había sido despachado sin más por un juzgado de Barakaldo.
Al parecer una familia de Alonsotegi había denunciado que el tráfico del corredor afectaba a su calidad de vida, especialmente a la nocturna. Por lo visto, el caso se resolvió sin realizar las lógicas mediciones acústicas y ahora los magistrados han estimado oportuno que, al menos, alguien se acerque a la casa de los denunciantes para hacer algunas pruebas periciales. Veremos en qué termina todo, pero el caso ilustra la importancia que la contaminación sonora comienza a tener entre nosotros. Yo creo que incluso los jueces están siendo más moderados a la hora de dictar sentencia y dar tres golpes con el mazo. Tienen miedo de hacer demasiado ruido y despertar a algún vecino con ganas de defender sus derechos.
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