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Cultura

MÚSICA

Depeche Mode reprodujo un show profesional a tono con su masiva electrónica de estadio en la primera jornada del festival, que reunió a 18.000 espectadores

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Algo más de 18.000 almas acudieron el jueves a la primera jornada del Bilbao BBK Live, movidas en buena medida por el reclamo de Depeche Mode, que llegaban embarcados en ese 'Tour The Universe' que pasa por ser una de las giras más ambiciosas de sus tres décadas de andadura. La mayoría no estaban en las campas de Kobetamendi durante el set de los Editors, así que se perdieron el gran directo que (mejor en sala que a cielo abierto) tiene esta solida banda británica asociada al revival del post punk. Ayer, le tocaba el turno Kaiser Chiefs y por la zona vip se dejó ver incluso el lehendakari, Patxi López, que es un gran aficionado a la música.
De luto riguroso, Editors aportaron algo de la oscuridad de la que ya adolecen las cada vez menos oscuras celebraciones de los cabezas de cartel. Sobre los de Birminghan planea la sombra de Joy División, con los que comparten filo guitarrero, lírica existencial y una cierta atmósfera opresiva que desvirtuaba la claridad del sol poniente. Editors no parecen una banda abocada al abismo lúgubre que tragó a Ian Curtis Aun viciado y tupido, su sonido tiene un alma pop que remite a Interpol, cuyo cantante tiene una voz de barítono muy parecida a la de ese guitarrista y teclista y cantante con aura estelar que ya es Tom Smith.
Editors introdujeron temas de su inminente entrega 'In this ligh and in this evening' acogidos con una cierta perplejidad por sus fans (que los había y bastantes) y que estaban allí para ver como calcaban en vivo temas de su gran debut 'The Black Room' ('Camera', 'Bullets', 'Fingers in the factories') y su enfermiza secuela de la que reprodujeron su tema central 'An end has a start' 'Bones' , 'Racing Rats' o 'Smokers outside hospital doors'. Y lo cierto es que su nuevo material, anunciado como espectáculo crudo y carente de guitarras, promete. Impulsadas por graves sintetizados, teclados ambientales y ritmos minimales sonaron 'Bicks and Mortar' o la dramática 'Eat raw meat'. Dark disco bien digerido y resuelto.
Tirón popular
Editors recordaron por momentos a los Joy División de 'Closer', cuyo retratista, exégeta y autor del póstumo biopic 'Control' fue Anton Corbijn, famoso fotógrafo que ha cuidado durante años la imagen de Depeche Mode para los que ha montado la atractiva escenografía sobre la que ayer defendieron su nuevo disco intercalado con clásicos de su repertorio. La plural y variopinta audiencia que concitaron en el Bilbao Live ilustra la universalidad lograda por el trío de Essex, cuyo influjo reconoce hoy gente de toda catadura. De grupos comerciales de electropop tipo OBK a las huestes góticos y metálicas.
Puede que en su larga y tortuosa andadura sublimaran el techno pop para oscurecer su sonidos hasta limites cercanos a lo industrial, pero desde el gigantismo que experimentaron hace dos décadas con 'Music for the mases' y 'Violator', Depeche Mode han devenido por trayectoria, tirón popular y actitud escénica en, salvando las distancias, una especie de Stones de la electrónica. O mejor, unos U2 del synth pop, pues a los irlandeses recordaron en momentos de 'In your room'. Por lo que al directo respecta, DM es cosa de Marin Gore, que ayer lucio traje plateado y un amplio y atractivo catalogo de guitarras, y del dinámico cantante Dave Gahan, que mostró una buena forma que contrasta con su pasado químico que le abocó la pasada década al suicidio. En un segundo plano quedó el teclista y programador Andrew Fletcher junto al batería y teclista adicional contratados para la gira.
La triada de su nuevo disco 'In Chains', 'Wrong' y 'Hole to feed', abrió la tercera visita a Euskadi de la banda que, a su manera, ha sabido renovarse mirando a su pasado con un disco lleno de guiños sonoros ochenteros a discos clásicos como 'Black celebration' de que rescataron temas como 'A Question of time', 'Fly on the widesreen' o un 'A question of Lust' con el que evocaron vocalmente a Tears for Fears.
Iconografía gótica
Con iconografía gótica (la imagen proyectada de un cuervo) y Gahan ya desatado con su sempiterno chaleco negro sobre el torso tatuado, se arrancaron con 'Walking in my shoes', 'it's no good' y la balada 'Precious', medio tiempo que evidenció un punto crooneresco que Martin Gore enfatizo más tarde en solitario con la delicada balada 'Little Soul'. Con un público más expectante que entregado Gahan se integró en la pasarela central para interpretar su concienciado nuevo himno 'Peace' y provocó un mar de brazos para acoger con su citado canto la fe y la devoción 'In your room'.
El show discurría con una cierta atonía que atemperó la guitarra vaquera y la pulsión industriosa de 'I Feel you', clásico que calentó al personal que pareció levitar con la celebre 'Enjoy de Silence', que sonó con imágenes de trío encarnado en astronautas en órbita universal En las menos de dos horas de acortado repertorio sonó 'Never let me down again' y se echó en falta el hit 'Master and Servant', antes del obligado bis final que coronó la conocida 'Personal Jesus' que arrancó en una versión extendida subrayando por un la rasgada guitarra country de Gore. Un velado guiño final que puso un broche de oro a un concierto sin grandes alardes, pero irreprochable en lo estético y lo sonoro. Como los grandes espectáculos profesionales.
Luego llegó el cierre festivo con Basement Jaxx, fusionando el holiganismo del brit house de finales de los 90. Simon Ratcliffe y Felix Buxton aportaron calidez orgánica a su híbrido sampladélico con ayuda de un plantel de cantantes mediatizado por la voluptuosa presencia de dos volcánicas y orondas vocalistas negras. Temas de su próximo álbum sonaron junto a algunos de sus hits míticos como 'Oh my Gush' o un 'Red Alert' de estribillo ilustrativo: «And the music keeps on playing on and on...». Pues eso.
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