Empate a uno. Mala cosa porque el doble de hoy va a ser complicado. Ayer hubo tablas, pero con malas sensaciones. El 1-0 nunca debió ser tan largo ni tan complicado. Sea Copa Davis, haya o no haya rankings o se iguale todo. Verdasco ganó en cinco sets que se complicó él solo. Para según quién, y es para casi todos, no es bueno ganar 6-0 un set inicial, porque todo lo ves de color rosa. Es un rosa maldito que, por mor de la confianza propia, se acaba tornando en negro. Pensó Verdasco, y lo pensamos todos, que era pan comido. Y, francamente, fue disculpable la ligera confusión.
Beck no había tomado medida a la pista, ni a la bola ni a las líneas. A nada. Fue un continuo horror el alemán, algo digno de ver y escasamente creíble. En cuatro juegos hizo tres puntos y pareció que o no veía o veía mal. El donuts fue mala cosa para el alemán, pero también para el español. Porque Verdasco dio un paso atrás, debió ser algo instintivo, pensando en su subconsciente que aquello no daba para más. Ese paso atrás fue un desastre que amenazó ruina. Porque Beck, efectivamente, es un 'pagafantas'. Un tipo con buen saque y buena derecha, pero si le dejas. No tiene mucho más. Si le metes bolas a media cancha, hasta un manco te la pone en el ángulo. Y fue lo que hizo Verdasco, contemporizar, jugar blandito, defensivo, sacando a 180 en lugar de bombas a 220 que no dieran opción al rival. Dejó entrar al alemán en el partido y casi le cuesta el punto.
Cuando perdió dos mangas, producto del contagio que le había producido el espantoso tenis del germano en el primer set, el madrileño hizo lo mejor que podía hacer: irse al baño. Se fue con Albert Costa, pensaron en frío y ambos coincidieron en lo que había que hacer. Un metro adelante, golpes más apoyados, más dientes, ser ofensivos.
Mano de santo. Entre el cambio de actitud de Verdasco (sacando ya bombas a 210), arriesgando en los 'winners', y el calor (40 grados), que devoraba las entrañas de Beck, todo cambió. El alemán se derrumbó cuan largo es, y lo es mucho: 6-0, 3-6, 6-7 (4), 6-2 y 6-1.
Por su parte, Robredo no pudo con Kohlschreiber y duele decirlo, pero antes del partido había más gente que no confiaba en él que los que sí lo hacían. Tiene Tommy el estigma de que no da la talla en la Davis y ayer dio armas a sus detractores. Daba igual que nunca hubiera perdido con el alemán (4-0). Todos le miraban de reojo.
Consistencia
Perdió las ocasiones de que dispuso (bola de break en el 3-3 del primero y 2-0 en el segundo). Acabó perdiéndolo todo. Kohlschreiber es un jugador de Davis mucho más consistente, firme y seguro desde el fondo, pero agresivo cuando lo requiere la ocasión. Rompió en los momentos claves del encuentro y siempre jugó mejor los puntos decisivos del choque. Ganó fácil: 6-3, 6-4 y 6-4.