Desde que el Instituto Nacional de Estadística puso en marcha un sistema para conocer la evolución de los precios, hace ahora 47 años, la inflación jamás había alcanzado una tasa tan negativa. El comportamiento de los combustibles -como consecuencia del descenso del precio del petróleo- y el abaratamiento de los alimentos, ha permitido que el Índice de Precios de Consumo se situase en junio en una tasa negativa interanual del 1%. Pese a ello, el hecho de que los precios hayan experimentado ese mismo mes un aumento del 0,4% en comparación con mayo, lleva a los expertos a considerar que no existe riesgo de deflación.
En lo que hace referencia a la tasa anual, estamos ante la cuarta caída consecutiva. Tanto el secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, como la CEOE, FUNCAS y numerosos expertos, coincidieron en señalar que el IPC continuará en negativo hasta el otoño, cuando finalizará el efecto escalón del precio del petróleo. Hay que tener en cuenta que el barril de petróleo se pagaba a 133,74 dólares en junio de 2008, frente a los 69,27 de finales del mes pasado. Los analistas coinciden al destacar que el coste del crudo va a mantener su línea al alza en los próximos meses, lo que provocará de forma paralela el cambio de tendencia en el comportamiento del IPC.
Carburantes y alimentos
En los últimos doce meses, los carburantes y combustibles acumulan una caída del 21,3% y los productos energéticos, del 14,2%. Por el contrario, algunos productos han registrado fuertes subidas como las bebidas alcohólicas y el tabaco (8,3%), la enseñanza (3,9%), y otros bienes y servicios (2,4%).
Campa insistió en el aspecto positivo de la caída de precios, ya que supone un aumento en la renta de los ciudadanos y ayuda a mejorar la competitividad. Recordó que el diferencial de inflación de España con la media de la zona euro se mantuvo en junio en 0,9 puntos negativos.
Respecto a la inflación subyacente, que excluye en el cálculo el comportamiento de los productos energéticos y de los alimentos frescos -los más volátiles de la 'cesta' que se utiliza para calcular el IPC-, se situó en junio en el 0,8% en tasa interanual, una décima menos que en mayo.
En el caso del País Vasco, los precios mantienen un comportamiento de mayor moderación en términos interanuales -el descenso en junio era del 0,3%-, si bien la evolución respecto al mes anterior -un aumento del 0,4%-, es idéntica a la del conjunto del país.
Los servicios técnicos de la patronal española CEOE señalaron que la debilidad de la economía, y especialmente del consumo de las familias, continuará limitando el avance de los precios durante un periodo de tiempo «más largo». Según sus previsiones, la inflación seguirá conteniéndose hasta que la actividad repunte y no cambiará de signo hasta octubre o noviembre, cuando quede atrás el efecto provocado por los precios del petróleo. Las Cámaras de Comercio, por su parte, señalaron que la caída de los precios debería ir acompañada de medidas adicionales de carácter «estructural», con el objetivo de corregir la «delicada» situación de la economía española.
Efecto en los salarios
El sindicato CC OO reiteró la necesidad de que el Gobierno ponga en marcha medidas que faciliten el crédito a las empresas, garanticen el poder adquisitivo y que se aumenten los salarios de acuerdo con la previsión de inflación del Banco Central Europeo, que se sitúa en el 2%.
UGT-Euskadi, por su parte, emitió ayer una nota en la que insistió en la necesidad de «relanzar la negociación colectiva, con una subida de salarios, para dar seguridad a los trabajadores en el consumo». La secretaria de Acción Sindical de esta organización, Maribel Ballesteros, advirtió de que «tenemos todavía el 50% de los convenios por renovar».
Mientras, desde el sindicato ELA y en la misma línea, se argumentaba ayer que «durante el crecimiento económico las rentas de trabajo han perdido peso en la distribución de la renta y los empresarios pretenden que durante la crisis continúe esta misma tendencia». Así, denunció que «los salarios no han causado la crisis, y por tanto, no tienen por qué pagar las consecuencias».