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Las diferencias entre Obama y el Papa sobre aborto y bioética no solapan su comunión en lo concerniente a la política internacional
11.07.09 -

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En busca de una nueva alianza
Benedicto XVI posa para las cámaras flanquado por el matrimonio Obama. / AFP
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, visitó ayer por primera vez a Benedicto XVI en Roma y abrió el diseño de unas nuevas relaciones que hasta ahora se esbozaban con tanteos a distancia. Lo esencial era comprobar de cerca la compatibilidad de carismas y ver hasta dónde pueden entenderse y en qué van a chocar a partir de hoy. La conversación privada de 40 minutos fue cordial, como se dice siempre, pero su primer encuentro ante las cámaras emanó química entre dos personalidades que confían en el poder del diálogo.
El Vaticano anunció después satisfecho que Obama, «un interlocutor que sabe escuchar», había prometido trabajar para reducir los abortos en su país, el punto de más evidente fricción y que, aparentemente, entorpece las relaciones con la Santa Sede. Pero en realidad la lista de visiones comunes se alarga apenas se compara con la de Bush. Por ejemplo, Obama prometió leerse en el avión la reciente encíclica, cuyo análisis de la crisis económica coincide con el suyo y que el Papa publicó intencionadamente antes de la cumbre del G-8.
Durante los ocho años de George W. Bush el mapa de acuerdos y desacuerdos con el Vaticano estaba ya perfectamente delineado. Tras Juan Pablo II, más frío, la compenetración con Benedicto XVI llegó al sorprendente recibimiento en los jardines vaticanos en su despedida del cargo, gesto que indignó a los sectores progresistas de la Iglesia. Con Bush, la Santa Sede estaba tranquila en aspectos como el aborto, la eutanasia, la familia y la bioética, algunas de sus más visibles banderas de batalla, pero callaba ante la pena de muerte y miraba con preocupación la política internacional, hasta llegar a la condena de la guerra de Irak de Juan Pablo II.
Apoyo católico
En teoría, desde el punto de vista conservador, con Obama el punto de partida ha empeorado. Para la Iglesia católica de EE UU el cambio supone un retroceso alarmante, por su apertura al aborto, los homosexuales y las células madre, pero lo cierto es que la mayoría de los católicos han votado por él, cosa que no hacían con su predecesor. En EE UU son un 22% de la población, pero seis de los nueve jueces del Supremo. Es evidente que el nuevo presidente, con su talante pacificador y optimista, representa mejor otras prioridades católicas con menos publicidad en la derecha. Siguiendo la praxis diplomática vaticana, como sucede en España, el Papa deja a la conferencia episcopal local la tarea de la pelea cotidiana y abre una vía paralela de entendimiento.
Se ha visto muy bien con el tratamiento deferente reservado a Obama por el 'Osservatore Romano', criticado por sectores de fieles de EE UU que se lo querían comer vivo en su visita a la universidad católica de Notre-Dame en Indiana. Lo que aprecia Benedicto XVI en el nuevo líder norteamericano y que abre nuevos campos de colaboración es la postura sobre el conflicto en Oriente Próximo, que defiende la existencia de dos estados, el desarme nuclear, el diálogo con el mundo musulmán, los países pobres o el acercamiento a estados como Cuba o Siria. También la atención a África, que el Papa acaba de visitar y donde aterrizó anoche Obama. O sus opiniones de inmigración, sanidad pública y medio ambiente. Además ha sido muy bien recibido el nuevo embajador ante la Santa Sede, el teólogo cubano Miguel Díaz.
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