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La fatalidad eligió el peor día. El más caluroso del verano en la zona, sólo por detrás del pasado 29 de junio, cuando el calor fue de órdago en todo Euskadi. Los sensores del Servicio vasco de Meteorología, Euskalmet, en Deusto, posiblemente los más próximos al lugar donde se produjo la tragedia, marcaron una máxima de 31,8 gracos centígrados en torno a la una del mediodía. En el interior de un vehículo estacionado al sol, el calor tuvo que dispararse en pocas horas hasta hacerse absolutamente insorportable.
«No es difícil que dentro de un coche oscuro al sol se alcancen los 50 ó 60 grados», apunta el jefe de meteorología de Euskalmet, José Antonio Aranda. El experto explicó a EL CORREO que en estos casos, un coche funciona bajo el mismo principio que los invernaderos. Atrapa la energía de onda corta que envía el sol, pero una vez dentro convertida en calor «no puede salir, se queda dentro y calienta el aire». Los coches actuales, tan herméticos, son auténticos hornos. Cualquiera lo ha comprobado después de un día de playa o piscina, cuando ha regresado al coche tras las horas más duras de sol.
Calentamiento rápido
El incremento de la temperatura interior también se ha estudiado de forma empírica, sobre todo en su relación con las muertes de menores por golpes de calor. Uno de los estudios más citados es el de Jan Null y otros expertos americanos, que investigaron el asunto tras constatar que se habían producido 38 muertes anuales en Estados Unidos entre 1998 y 2008.
Según sus datos, los coches aparcados al sol podían alcanzar en su interior los 50 grados centígrados en apenas una hora de exposición, con el 80% de ese aumento concentrado en los primeros 30 minutos.
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