Aunque han dado para mucho en la literatura, uno nunca ha sentido entusiasmo por los amores no correspondidos. Por esa razón siempre me ha puesto enfermo la famosa letra de 'Ne me quitte pas', aquella canción de Jacques Brel en la que el enamorado respondía al rechazo de la mujer amada con unos versos memorablemente humillantes y autodestructivos: «Déjame volverme la sombra de tu sombra, la sombra de tu mano, la sombra de tu perro». ¡Pero cómo que la sombra de tu perro! ¿Qué izquierda francesa era ésa que postulaba la desigualdad y la vejación en la relación humana más básica y elemental? ¿Cómo iba a llegar el socialismo, el respeto y la dignidad a la sociedad si fallaba en la propia pareja? Uno, francamente, no entiende esa modalidad de masoquismo y de solipsismo que consiste en amar a quien no te ama. Ya el hecho de que no te ame es suficiente para perder el interés por una relación que sería todo menos sana. Querer a quien no te quiere no es amor sino obsesión, neurosis, paja mental en el sentido más literal, puro onanismo. Es hasta una forma de egoísmo porque es no querer entender y escuchar al otro. Aunque hay veces en que también al otro le gusta que le amen de ese manera arrastrada, lo propicia y potencia, con lo cual tenemos dos variantes de desamor, una por cada parte. Con lo cual uno le ha tenido igualmente manía a Jacques Brel, que daba la chapa con sus cuitas pajeras, a la amada de Jacques Brel y al perro de la amada. ¡Vaya una pandilla de tarados!
Me he acordado de Jacques Brel y de los amores masocas estos días en los que el PSE-EE se niega a dar al PP vasco la Diputación de Álava. Creo que Basagoiti tiene temple de buen político y un gran sentido de la responsabilidad, pero no le veo, sinceramente, en el papel de pringado de Jacques Brel y cantando que quiere ser la sombra del perro de Patxi López. No tiene madera para encarnar ese amor de culebrón, y eso le honra. Creo, en fin, que Basagoiti no nos va a montar el numerito histérico que montarían otros por una cuestión irrelevante, pero es que da la casualidad de que Álava no es una cuestión irrelevante y puede ser una sombra que emperre toda la legislatura vasca. Sería triste que 'el cambio' que hoy tanta ilusión despierta se convierta en eso, en un culebrón de amores atormentados y no correspondidos, en una letra de Jacques Brel o -aún peor- en una escena en la que la amada de Jacques Brel ve cómo Jacques Brel se harta y le da un corte de mangas. Honestamente, tampoco le veo a Patxi haciendo de mujer fatal. Creo que a los dos les va más el papel de políticos serios.