La reunión, que inicialmente había adoptado maneras de cumbre -por la presencia de cinco consejeros del Gobierno y la llamada a los tres diputados generales-, quedó reducida a un encuentro un tanto difícil de definir entre quienes recaudan -los diputados de Hacienda- y los que gastan el 85% de lo que amasan estos últimos: Ejecutivo y ayuntamientos.
El Gobierno no quería que se propagase el incendio generado la pasada semana por el anunciado plante de los diputados generales y dio un giro a la convocatoria: buen 'rollito', mucho ambiente de diálogo, intentar visualizar que el Ejecutivo y las diputaciones no están a la greña y que son capaces de trabajar en común. Al menos, el consejero de Economía y Hacienda consiguió que el talante del encuentro -así lo aseguran quienes estuvieron- fuera cordial y que, a falta de acuerdos, haya diálogo, mucho diálogo. ¿Reminiscencias de un pasado no muy lejano?
El encuentro fue largo. Cuatro horas y media consumieron los asistentes encerrados en una sala de la primera planta de la sede del Gobierno, en Lakua. Bien es verdad que las deserciones fueron registrándose según avanzaba la tarde. A las tres horas de iniciarse la reunión fue el consejero de Transportes, Iñaki Arriola, el primero en abandonar la sala. Se excusó ante el resto, aseguró que tenía una reunión inaplazable y abandonó el edificio pasadas las siete de la tarde. A la salida, y mediante 'persona interpuesta', transmitió un mensaje esperanzador a los numerosos periodistas que aguardaban en la planta baja el final de la reunión. «Tranquilos -dijo-, esto ya ha acabado e Idoia Mendia ha comenzado a redactar el acta».
Una hora más tarde, era el consejero de Industria, Bernabé Unda, quien dejaba la reunión. Hacía ya media hora que Patxi López le esperaba en Ajuria Enea para una cita programada y no era cuestión de contrariar al jefe.
Razones desconocidas
El gozo en un pozo. A la cumbre convertida en 'colina' aún le quedaba media hora más. Nadie ha sabido explicar las razones exactas, pero lo cierto es que Idoia Mendia, a los mandos de su miniordenador portátil -uno que le acompaña en todas sus comparecencias como portavoz- empleó hora y media en cuadrar un acta de la reunión que fuese del agrado de todos. Y, visto el contenido de los acuerdos, aún se entiende menos. Los recelos institucionales y la brecha de desconfianza que separan al Ejecutivo y a las diputaciones pueden ser la única clave que lo explique.
La última 'deserción' fue más política y la protagonizaron los diputados forales de Hacienda, que se negaron a comparecer en una rueda de prensa posterior. Optaron por hacerlo hoy, de forma individual y cada uno en su casa.