Son la 'familia real' de un país sin monarquía. Una dinastía legendaria, acosada por el infortunio, de tradición católica, que se queda huérfana con la muerte de Ted. El pequeño de nueve hermanos era el último icono de la tercera generación de los Kennedy, de origen irlandés, en Estados Unidos. Su fallecimiento deja a Jean como única superviviente de los hijos de Joseph, embajador en Gran Bretaña, y Rose Fitzgerald, la hija del alcalde de Boston. «Hemos perdido al centro irremplazable de nuestra familia», se duele la estirpe en un comunicado.
Ahora hay que buscar otra persona que aglutine a este núcleo. Y las miradas se centran en los herederos, hombres y mujeres marcados por el peso de ser descendientes del clan más conocido de América y quizá del mundo. Entre esos sucesores, 31 en total aunque alguno ha fallecido, nadie destaca para mantener el legado. «No creo que haya una próxima generación de los Kennedy cuyo trabajo se pueda comparar con el de la generación de sus padres», sentenció a mediados de este mes Ben Bradlee, ex director de 'The Washington Post' y amigo íntimo de JFK.
Muchos, precisamente, señalaron a la hija de John F. Kennedy como la persona ideal, perfecta, para prolongar esa mecha que consolidó su padre con su acceso a la Casa Blanca el 20 de enero de 1961. Era la 'elegida'. Caroline incluso se postuló para relevar a Hillary Clinton como senadora por Nueva York cuando Obama designó a la ex primera dama secretaria de Estado. A pesar de que hasta entonces nunca se había implicado en la política activa, contó con el apoyo de destacados dirigentes. Pero, en el último momento, alegó razones personales -entre ellas cuidar a su tío fallecido- para desistir en ese empeño. Muchas personas se sintieron traicionadas. Es más, esta renuncia la ha dejado en mal lugar y algunos analistas señalan que esta maniobra ha enterrado futuros coqueteos para pugnar por la administración.
Otros, en cambio, se decantan por Patrick, hijo de Ted. De momento, a sus 42 años, es miembro de la Cámara de Representantes por Rhode Island y, como su padre, fue fiel apoyo de Barack Obama. «Es el mejor antídoto contra George W. Bush». Sin embargo, los analgésicos hipotecaron cualquier ambición. Hace tres años se conoció que era adicto a estas sustancias e ingresó en la prestigiosa Clínica Mayo para desengancharse.
Existen otros 'futuribles' para el trono, como Joseph Kennedy, hijo mayor del asesinado Robert y antiguo miembro del Congreso. Hay otros que se han decantado por el Derecho (dos son fiscales), otros por la industria del cine e incluso Maria Owings Shriver, hija de Eunice -que falleció hace quince días-, es conocida por haberse casado con Arnold Schwarzenegger, gobernador republicano de California. Pero ninguno sobresale en una familia demócrata «indomable, honorable y vulnerable», como escribió la dramaturga yanqui Clare Boothe Luce.
La maldición del clan
Vulnerable, sobre todo. Siempre se ha hablado de la maldición de los Kennedy. Tópico. Pero también una dura realidad. Las desgracias les han acompañado en sus sesenta años de reinado. Sin excepción. Empezó con la muerte del primogénito, Joseph, en accidente de aviación durante la II Guerra Mundial. No había llegado a la treintena. Y qué decir del segundo de la lista. John fue asesinado en la cúspide, en 1963. Era el presidente, ese cargo al que optó Ted sin éxito.
Luego nació Rosemary con una discapacidad y una lobotomía hecha a destiempo y de manera desastrosa le obligó a pasar casi toda la vida en un centro especializado. Kathleen le siguió. Falleció, a los 28 años, en un accidente de aviación en los Alpes, una forma de morir que ha alcanzado a cuatro miembros de esta saga; el último JFK junior en 1999.
La quinta que llegó al mundo fue Eunice, que pereció de forma natural hace quince días. Conmovida por la tragedia de su hermana Rosemary, creó los Special Olympics, una asociación que lucha en favor de las personas discapacitadas a través del deporte. Uno de sus hijos, Timothy, preside esta organización. Patricia, la sexta del clan, murió en 1984, y a Bob le asesinaron en 1968 durante un mitin preelectoral. Se hablaba de él como el sucesor de John, pero un disparo cortó sus aspiraciones.
Drogas y maltratos
Después de Robert nació Jean, la única que aún vive y que fue embajadora en Irlanda, la patria de sus antecesores. Y el núcleo se cerró con Ted, al que derrotó ayer el cáncer contra el que luchaba desde 2008. Como los Kennedy pelean por mantener su estirpe, su leyenda. Aunque algunos miembros de las nuevas generaciones se han encargado de mancharla, con acusaciones de tráfico de drogas, maltrato e incluso un convicto por asesinato, Michael C. Skakel, sobrino de la esposa de Bob. Por todo esto, parece que esta rica y progresista saga se extingue, se muere, desaparece. Sin Ted, se ha quedado huérfana.