Los graves disturbios registrados el pasado lunes en Lekeitio -que han provocado en los últimos días una polémica en torno al posible resurgimiento de la kale borroka como reacción a la estrategia del Gobierno vasco de eliminar la simbología radical de las calles- se desencadenaron por una mezcla de alcohol y vandalismo, según afirmó ayer el consejero de Interior, Rodolfo Ares. El jefe de la Ertzaintza agregó que los radicales se unieron luego a los altercados, en cuyo transcurso hubo varios robos en comercios.
Las explicaciones de Ares tuvieron lugar en la comisión correspondiente del Parlamento vasco, donde el consejero acudió para dar cuenta de los incidentes ocurridos tanto en Lekeitio como el pasado 16 de agosto en Gernika, cuando la Ertzaintza disolvió una manifestación prohibida. En la ronda de debate, el PNV, cuyo alcalde en la localidad lekeitiarra había atribuido los incidentes al «calentamiento global» causado por la política de la consejería de Interior, decidió atenuar la polémica y pidió «comprensión» para el regidor, José María Cazalis, quien había realizado sus declaraciones tras asistir a una oleada de ataques destructivos durante cinco horas en su municipio.
Según la versión del Ejecutivo, en la algarada intervinieron más de 200 personas y se produjeron daños valorados en 60.000 euros. No obstante, el Consorcio de Compensación de Seguros elevó ayer esta cifra y calculó en 300.000 euros el coste de los destrozos, que afectaron a una treintena de contenedores de basura, vehículos particulares, mobiliario urbano, negocios hosteleros, comercios, cajeros y el batzoki del PNV. Durante los ataques se llegaron a producir hasta un total de ocho incendios, informa M. Artime.
La algarada comenzó con una agresión machista, señaló Ares, dando lectura a un informe que trató de desligar los enfrentamientos de cualquier posible crispación creada por su estrategia de 'tolerancia cero', tal y como se le achaca desde distintos ámbitos abertzales y nacionalistas.
El consejero recordó que el domingo pasado se retiraron varias imágenes de presos de ETA de las txosnas sobre las once de la mañana. Los agentes que acudieron a cumplir con esta tarea fueron recibidos con el lanzamiento de botellas, que hirieron a una persona de 84 años que se encontraba en la zona. Los ertzainas realizaron dos disparos de fogueo y otros tantos con pelotas de goma. Cuando abandonaban el recinto, las furgonetas policiales volvieron a ser atacadas y sus ocupantes hicieron tres disparos más con pelotas de goma. A las 11.30, según el atestado policial, los incidentes habían finalizado.
El «infierno» -término empleado por el Ayuntamiento de Lekeitio para definir la oleada de destrucción- empezó doce horas más tarde, a las 23.00, cuando una dotación de la Ertzaintza detuvo en la calle Olaeta a un individuo acusado de ejercer la violencia machista y de otros delitos contra la seguridad del tráfico y desobediencia grave. La víctima de la agresión se dirigió a los policías porque quería denunciar al detenido, lo que obligó a abrir el puesto de atención al público de Lekeitio, una subcomisaría que suele estar cerrada por las noche.
Siempre según el relato de Interior, la patrulla que acudió a abrir la oficina se cruzó con una persona en estado de embriaguez que se lanzó sobre el capó del automóvil, insultó a los ertzainas e intentó agredirles. Los agentes trataron de conducirle a la subcomisaría tras ponerle bajo arresto.
En ese momento, varios jóvenes que se encontraban en las proximidades, «muchos de los cuales habían ingerido alcohol en grandes cantidades y sin duda, alguno de ellos del entorno radical, comenzaron a insultar y a lanzar objetos a los patrulleros», dijo ayer Rodolfo Ares. Los ertzainas corrieron a refugiarse en su base. «Todo apunta que se corrió la voz de que la Ertzaintza había entrado al pueblo a detener a algún joven radical», especuló el consejero.
Los policías pidieron refuerzos y varias furgonetas con agentes antidisturbios apostadas en las afueras de la localidad se dirigieron de inmediato a la subcomisaría. En el camino se encontraron con barricadas en llamas y jóvenes encapuchados que les lanzaban piedras y botellas.
Robo de lauburus
Las algaradas fueron en aumento en el centro de Lekeitio. Ares aseguró que algunos agentes de paisano vieron como un individuo, a cara descubierta, se dirigió al batzoki y, a través de una ventana rota, introdujo papeles y plásticos, a los que prendió fuego. Otra persona, ésta encapuchada, arrojó botellas con un líquido supuestamente inflamable. Los policías lograron detener a uno de ellos.
Los desórdenes se prolongaron durante cuatro horas. Aparte de la treintena de contenedores, trece vehículos resultaron afectados y también se registraron robos. Los violentos, por ejemplo, rompieron la puerta de una tienda con una tapa de alcantarilla y se llevaron pulseras y collares decorados con el lauburu. En un local de seguros, tras destrozar la entrada, se apoderaron de un fax. En total se produjeron nueve detenidos, ocho por desórdenes públicos y uno por estragos.
Ares definió los sucesos como fruto de una «desgraciada combinación de consumo desmedido de alcohol y la acción de alborotadores, fanáticos y ladrones». «Una mezcla de 'katxiborroka' y 'manguiborroka'», ironizó. Previamente había enfatizado: «Nosotros no provocamos, como se ha dicho, calentamientos globales ni daños colaterales».
En la comparecencia de ayer, el político socialista también dio cuenta de los incidentes registrados en Gernika el 16 de agosto, cuando la Ertzaintza cargó contra una manifestación prohibida. El alcalde, José Mari Gorroño, de EA, había tachado de desproporcionada la intervención. El jefe de la Policía vasca, sin embargo, insistió en la que actuación de los agentes fue «profesional» y recalcó que «los únicos culpables fueron los alborotadores». Exigió, asimismo, que nadie «acuse» a la Ertzaintza por «hacer cumplir la ley».